Socrates el semi-perro

*Sócrates el semi-perro* (*Socrate le demi-chien*) es una de las obras más lúcidas, irreverentes y profundas de la historieta francobelga contemporánea. Guionizada por Joann Sfar y dibujada por Christophe Blain, esta serie se aleja de las convenciones del género de aventuras para proponer una deconstrucción filosófica de la mitología griega a través de los ojos de un canino excepcional. Publicada originalmente bajo el sello Poisson Pilote de Dargaud, la obra se sitúa en el epicentro de la renovación de la *bande dessinée* de principios de los años 2000, donde autores como Sfar y Blain comenzaron a experimentar con el tono y la narrativa clásica.

La premisa del cómic es tan sencilla como brillante: Sócrates es el perro de Heracles (Hércules). Sin embargo, no es un animal común. Se le denomina "semi-perro" porque posee la capacidad de pensar, razonar y hablar —aunque no siempre es escuchado por los humanos— con una profundidad intelectual que rivaliza con la de los grandes filósofos de la Antigüedad. Mientras su amo, el semidiós Heracles, es retratado como un bruto de fuerza descomunal, impulsivo y a menudo carente de reflexión ética, Sócrates actúa como el observador cínico y melancólico que cuestiona la naturaleza de la heroicidad, la violencia y el destino.

El guion de Joann Sfar utiliza el marco de los mitos griegos no para narrar hazañas épicas, sino para explorar las contradicciones humanas. A través de los diálogos y monólogos internos de Sócrates, el lector se enfrenta a dilemas existenciales. El perro es un testigo de excepción de las tragedias y los excesos de los héroes y los dioses. La relación entre Sócrates y Heracles es el eje central: una simbiosis extraña donde el animal es el verdadero depositario de la sabiduría, mientras que el "héroe" se deja llevar por sus instintos más básicos. Esta inversión de roles permite a Sfar despojar al mito de su pátina de gloria, mostrando la suciedad, el absurdo y la tristeza que subyacen en las leyendas clásicas.

Visualmente, el trabajo de Christophe Blain es fundamental para entender la identidad de la obra. Blain, conocido por su trazo nervioso, dinámico y extremadamente expresivo, dota a la Grecia antigua de una vitalidad orgánica. No busca la precisión arquitectónica ni la belleza idealizada del neoclasicismo; por el contrario, su dibujo es vibrante, a veces deformado para enfatizar la emoción o el movimiento. Sócrates, con su fisonomía delgada y sus ojos cargados de una inteligencia cansada, es un triunfo del diseño de personajes. Blain logra que el lector sienta el peso del mundo sobre los hombros de un animal, contrastando su fragilidad física con la masividad grotesca de Heracles o la astucia esquiva de personajes como Odiseo (Ulises), quien también hace su aparición en la serie.

La narrativa se divide en varios tomos que abordan diferentes ciclos mitológicos. En el primero, centrado en Heracles, se establece el tono de la serie: una mezcla de humor negro, aventura picaresca y meditación metafísica. En entregas posteriores, como las dedicadas a Ulises o Edipo, la obra profundiza en la soledad del pensador frente a la acción ciega. Sócrates no solo observa a los hombres, sino que también interactúa con otros animales y divinidades, manteniendo siempre una distancia crítica que lo convierte en un paria tanto en el mundo animal como en el humano.

*Sócrates el semi-perro* es, en definitiva, un cómic sobre la carga que supone la inteligencia. A través de la figura de este perro filósofo, Sfar y Blain invitan al lector a mirar los cimientos de la cultura occidental con una mezcla de ironía y compasión. Es una obra que prescinde de las florituras del género fantástico para centrarse en la carne, el hueso y la duda existencial, consolidándose como una lectura imprescindible para quienes buscan en el noveno arte una reflexión sobre la condición humana desde una

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