Arrowsmith

Arrowsmith es una de las obras más singulares y aclamadas dentro del género de la fantasía histórica en el noveno arte. Creada por el guionista Kurt Busiek y el dibujante Carlos Pacheco, esta serie propone una relectura fascinante de los conflictos bélicos del siglo XX, sustituyendo la tecnología industrial por la magia y el misticismo. Publicada originalmente en 2003 bajo el sello WildStorm (y continuada años después en Image Comics), la obra se aleja de los tropos habituales de superhéroes para sumergirse en una narrativa de corte bélico clásico, pero ambientada en un mundo donde los dragones y los hechizos son tan reales como las trincheras y el barro.

La historia se sitúa en una versión alternativa de 1915. El mundo está sumido en una contienda global que guarda paralelismos directos con la Primera Guerra Mundial, pero con una diferencia fundamental: en este universo, la ciencia nunca llegó a dominar el desarrollo humano. En su lugar, la magia es la fuerza motriz de la civilización y, por extensión, de la maquinaria de guerra. El protagonista es Fletcher Arrowsmith, un joven idealista de los Estados Unidos de Columbia (la versión alternativa de EE. UU.) que, impulsado por un sentido del deber romántico y el deseo de aventura, decide alistarse en el Cuerpo Aéreo de Élite para luchar contra las potencias centrales de Prusia y el Imperio Austrohúngaro.

El núcleo narrativo de *Arrowsmith* no reside únicamente en el espectáculo visual de sus batallas, sino en el viaje emocional y psicológico de su protagonista. Fletcher comienza la historia con una visión ingenua y glorificada del combate, alimentada por la propaganda y los relatos de caballería. Sin embargo, al llegar al frente europeo, se enfrenta a la cruda realidad de la guerra. A través de sus ojos, el lector descubre que, aunque los soldados vuelen gracias a pequeños dragones vinculados a sus cuerpos en lugar de motores de combustión, y aunque los bombardeos sean conjuros de fuego en vez de proyectiles de artillería, el horror, el miedo y la pérdida de vidas humanas son idénticos a los de nuestra propia historia.

El diseño de mundo (world-building) es uno de los puntos más fuertes del cómic. Busiek y Pacheco construyen una geopolítica compleja donde las naciones utilizan criaturas mitológicas y artes oscuras con fines estratégicos. Los "aeronefs" son sustituidos por unidades de vuelo individuales donde los soldados deben aprender a sincronizarse con sus "Overseers" (pequeños dragones que les otorgan la capacidad de volar). El campo de batalla está plagado de vampiros que actúan como tropas de choque nocturnas, trolls que sirven como infantería pesada y hechizos de protección que intentan mitigar las nubes de gas venenoso mágico.

Visualmente, el trabajo de Carlos Pacheco es fundamental para dotar de credibilidad a esta premisa. El artista logra fusionar la estética militar de principios de siglo —uniformes de lana, correajes de cuero, arquitectura europea devastada— con elementos fantásticos de una manera orgánica. No se siente como un mundo de fantasía genérico, sino como una realidad histórica alternativa que ha evolucionado de forma lógica a partir de sus propias reglas metafísicas. La atención al detalle en los uniformes y en la anatomía de las criaturas fantásticas refuerza la sensación de que estamos ante un documento histórico de un mundo que nunca existió.

Temáticamente, *Arrowsmith* explora la pérdida de la inocencia y la desmitificación del héroe. A medida que Fletcher avanza en su instrucción y entra en combate real, la trama aborda cuestiones como la ética en el uso de la magia para matar, el racismo (manifestado aquí hacia las razas no humanas o "mágicas") y el peso psicológico de la supervivencia. La obra evita caer en el maniqueísmo simple; aunque hay un bando agresor claro, el cómic se centra en la experiencia humana del soldado raso que se ve atrapado en una maquinaria de destrucción que lo supera.

En resumen, *Arrowsmith* es una pieza imprescindible para entender la versatilidad del cómic contemporáneo. Logra equilibrar una premisa de alta fantasía con un realismo emocional desgarrador, ofreciendo una crónica bélica que, a pesar de sus dragones y hechizos, resulta profundamente honesta sobre la condición humana y las cicatrices que dejan los conflictos armados. Es una obra que respeta las convenciones del género bélico mientras expande los límites de la imaginación, consolidándose como el testamento creativo de la colaboración entre Busiek y el añorado Carlos Pacheco.

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