Doctor Who: El Señor del Tiempo Victorioso – Una odisea en los Tiempos Oscuros
Dentro del vasto universo expandido de *Doctor Who*, pocos eventos han alcanzado la magnitud y ambición de *Time Lord Victorious* (El Señor del Tiempo Victorioso). Aunque este proyecto se ramifica a través de novelas, audios de Big Finish y experiencias interactivas, el cómic publicado por Titan Comics —escrito por Jody Houser e ilustrado por Roberta Ingranata— se erige como una de las piedras angulares para comprender la psicología de un Doctor que ha decidido dejar de seguir las reglas del tiempo para empezar a dictarlas.
La premisa de este arco narrativo nos sitúa en un periodo de extrema fragilidad moral para el Décimo Doctor. Cronológicamente, nos encontramos en los eventos posteriores al especial televisivo *The Waters of Mars*. Tras haber desafiado un punto fijo en el tiempo y haberse autoproclamado el "Señor del Tiempo Victorioso", el Doctor no es el héroe optimista que acostumbramos a ver. Es un hombre consumido por su propio poder, convencido de que su intelecto y su herencia le otorgan el derecho de corregir los errores del universo, incluso si eso significa alterar el tejido mismo de la realidad.
La historia arranca con un giro argumental que desafía toda lógica establecida en la serie: los Daleks, los enemigos más implacables y letales del Doctor, solicitan su ayuda. Sin embargo, no se trata de una trampa convencional. El Imperio Dalek está siendo borrado de la existencia por una fuerza que ni siquiera ellos pueden comprender o detener. El Doctor, movido por una mezcla de curiosidad científica y una arrogancia creciente, acepta una alianza impía con el Estratega Dalek y el Verdugo Dalek. Esta dinámica es el corazón del cómic; ver al Doctor caminar por los pasillos de una nave Dalek no como un prisionero, sino como un consultor y líder táctico, genera una tensión constante que impregna cada página.
El conflicto principal traslada al lector a los "Tiempos Oscuros", una era mítica que precede a la formación del universo tal como lo conocemos. En este periodo ancestral, el Doctor se enfrenta a los Kotturuh, una raza de seres con el poder de asignar una duración de vida específica a cada especie que encuentran. Los Kotturuh son los "jueces de la mortalidad", y su misión es llevar la muerte a un universo que, en sus inicios, era potencialmente eterno. La confrontación no es solo física, sino filosófica: ¿tiene alguien el derecho de decidir cuándo debe morir una civilización? El Doctor, en su estado actual de "Señor del Tiempo Victorioso", cree que él es el único con la autoridad para oponerse a ellos, lo que lo lleva a tomar decisiones de una ética cuestionable.
Acompañando al Doctor en esta travesía se encuentra Brian el Ood, un asesino a sueldo con un sentido del humor seco y una eficiencia letal que sirve como contrapunto perfecto a la intensidad del Doctor. La interacción entre un Ood que ha roto sus cadenas de servidumbre para convertirse en un mercenario y un Doctor que está rompiendo sus propios códigos morales añade una capa de frescura a la narrativa.
Visualmente, el trabajo de Roberta Ingranata es excepcional. Logra capturar la expresividad de David Tennant, transmitiendo esa mirada maníaca y cansada que define al personaje en esta etapa. El diseño de los Tiempos Oscuros es vibrante y alienígena, alejándose de los tropos habituales de la ciencia ficción moderna para abrazar una estética más gótica y primordial. El uso del color refuerza la atmósfera de urgencia y peligro inminente, destacando especialmente en las representaciones de la tecnología Dalek antigua y el aura casi divina de los Kotturuh.
*Doctor Who: El Señor del Tiempo Victorioso* no es solo una historia de aventuras espaciales; es un estudio de personaje sobre la hibris y las consecuencias de jugar a ser Dios. Para el lector, el cómic funciona como una pieza autónoma fascinante, pero también como el tejido conectivo que da sentido a un conflicto que abarca milenios. Es una lectura esencial para quienes deseen ver al Doctor enfrentarse a su mayor enemigo: su propia convicción de que siempre tiene la razón. Sin caer en el spoiler, la obra prepara el terreno para un clímax donde las líneas entre el héroe y el villano se vuelven peligrosamente borrosas, dejando claro que, a veces, la victoria tiene un precio más alto que la derrota.