Deep Gravity es una miniserie de cuatro números publicada por la editorial Dark Horse Comics en 2014, escrita por el equipo creativo compuesto por Gabriel Hardman y Corinna Bechko, con arte de Fernando Baldó. Esta obra se posiciona dentro del género de la ciencia ficción dura (*hard sci-fi*) con fuertes tintes de supervivencia y horror planetario, alejándose de las fantasías espaciales optimistas para ofrecer una visión claustrofóbica y físicamente demandante de la exploración del cosmos.
La narrativa se sitúa en un futuro donde los viajes interestelares son posibles pero extremadamente costosos, tanto en términos económicos como biológicos. La historia sigue a Paxon, un hombre que toma una decisión desesperada: se alista en una misión de tres años hacia un planeta remoto llamado Poseidón. Su motivación no es la gloria científica ni el beneficio financiero, sino una razón puramente personal: seguir a Michelle, la mujer que ama, quien se encuentra trabajando en la colonia minera de dicho mundo. Sin embargo, el viaje requiere pasar años en estasis, y al despertar, Paxon se encuentra en un entorno que es, por definición, hostil para la vida humana.
Poseidón no es un paraíso. Es un planeta masivo con una gravedad tres veces superior a la de la Tierra. Este detalle no es solo un dato contextual, sino el eje central sobre el cual gira toda la tensión del cómic. En *Deep Gravity*, la física es el principal antagonista. Los personajes deben lidiar con el agotamiento constante, la presión sobre sus órganos internos y la dificultad de realizar movimientos que en la Tierra serían triviales. La infraestructura de la colonia es funcional y austera, reflejando una estética industrial donde el error humano o mecánico se paga con la vida.
La trama se complica rápidamente cuando un accidente catastrófico ocurre durante una maniobra de transporte. Lo que comienza como una tensa historia de relaciones personales y adaptación ambiental se transforma en una carrera frenética por la supervivencia. Paxon y un pequeño grupo de supervivientes quedan atrapados en una sección de la nave/instalación que se precipita hacia la superficie del planeta o queda varada en condiciones críticas. A partir de este punto, el guion de Hardman y Bechko se centra en la resolución de problemas técnicos bajo una presión extrema, mientras los personajes intentan alcanzar un punto de extracción seguro.
Un elemento distintivo de *Deep Gravity* es su enfoque en la biología alienígena. A diferencia de otros cómics donde las criaturas son meros monstruos, aquí la fauna de Poseidón está diseñada para existir bajo esa gravedad aplastante. Los encuentros con la vida local son aterradores no solo por su agresividad, sino por lo extraño de su fisiología, lo que refuerza la sensación de que los humanos son intrusos en un ecosistema que no los comprende ni los necesita.
El arte de Fernando Baldó complementa perfectamente el tono del guion. Su estilo es detallado y sucio, logrando transmitir la pesadez del ambiente. El uso de las sombras y la composición de las viñetas enfatizan la escala masiva del planeta frente a la fragilidad de los trajes espaciales y las estructuras metálicas. La paleta de colores y el trazo ayudan a que el lector sienta la fatiga de los protagonistas; cada paso parece costar un esfuerzo sobrehumano.
En resumen, *Deep Gravity* es una propuesta que prioriza la verosimilitud científica y la tensión ambiental. No busca ofrecer grandes batallas épicas, sino explorar la vulnerabilidad del ser humano cuando se enfrenta a las leyes inamovibles de la física en un entorno alienígena. Es una lectura esencial para quienes disfrutan de historias de supervivencia técnica al estilo de *The Martian*, pero con la atmósfera opresiva y peligrosa de obras como *Alien*. La obra destaca por su capacidad para convertir un concepto físico —la gravedad— en una fuente constante de terror y conflicto narrativo.