Jindai, la obra escrita y dibujada por el autor mallorquín Guillem March, representa uno de los hitos más ambiciosos y personales en la trayectoria de un artista que ha consolidado su nombre tanto en el mercado estadounidense (DC Comics) como en el europeo. Publicada originalmente por Dupuis y editada en España por Norma Editorial, esta novela gráfica se aleja de las convenciones del género de superhéroes para adentrarse en una ciencia ficción de corte existencialista, profundamente visual y filosófica.
La historia nos sitúa en un futuro indeterminado, en un escenario que el autor denomina "El Jardín". En este contexto, la humanidad ha alcanzado un estado de existencia que desafía las leyes biológicas tradicionales. La muerte, tal como la conocemos, ha sido erradicada gracias a una tecnología que permite transferir la conciencia a diferentes cuerpos o "carcasas". Este avance ha transformado la sociedad en una suerte de utopía estética y eterna, donde el dolor físico es opcional y la identidad es fluida. Sin embargo, este paraíso tecnológico conlleva un vacío existencial profundo: en un mundo donde todo es posible y nada es definitivo, el sentido de la vida individual comienza a desdibujarse.
La trama sigue a la protagonista, cuyo nombre da título a la obra, Jindai. Ella es una mujer que, a pesar de vivir en este entorno de perfección y placeres infinitos, experimenta una desconexión creciente con la realidad que la rodea. A diferencia de sus congéneres, que parecen conformarse con la repetición eterna de experiencias sensoriales, Jindai busca algo que la tecnología no puede replicar: una verdad emocional o espiritual que parece haberse perdido en la transición hacia la inmortalidad. Su viaje no es una aventura de acción externa, sino una exploración introspectiva a través de paisajes oníricos y encuentros con otros seres que habitan los márgenes de esta sociedad perfecta.
Desde el punto de vista narrativo, March utiliza el concepto de "Jindai" (término que en la mitología japonesa hace referencia a la "Era de los Dioses") para establecer un paralelismo entre la humanidad tecnológicamente avanzada y las deidades antiguas. Los personajes de este cómic son, a efectos prácticos, dioses: inmortales, capaces de cambiar de forma y libres de las necesidades mundanas. No obstante, la obra cuestiona si esa divinidad es una evolución o una forma de estancamiento. La búsqueda de la protagonista se convierte