Sable y Espada

Sable y Espada es una obra que se erige como un vibrante ejercicio de revitalización del género de "capa y espada" dentro del cómic español contemporáneo. Escrita por Pablo Durá y David Abadía, y magistralmente ilustrada por Fran Galán, esta obra nos traslada a la España del Siglo de Oro, pero lo hace alejándose de los formalismos acartonados para abrazar una narrativa dinámica, mordaz y profundamente cinematográfica.

La trama se sitúa en el Madrid de los Austrias, una urbe que en el siglo XVII funcionaba como el corazón de un imperio tan vasto como en decadencia. En este escenario de claroscuros, barro y acero, conocemos a los dos protagonistas que dan nombre al título y que encarnan dos filosofías de combate y de vida opuestas pero complementarias. Por un lado, tenemos al "Sable", un veterano de los tercios, curtido en mil batallas, cuya aproximación al conflicto es pragmática, brutal y directa. Por otro, la "Espada", un joven más estilizado, diestro en el florete y en la etiqueta, que representa la agilidad y la picardía de la corte.

La premisa nos presenta a este dúo como una suerte de mercenarios o "solucionadores" de problemas en una Villa y Corte donde la ley suele ser un concepto elástico que depende del grosor de la bolsa o del linaje del interesado. La narrativa no se limita a la acción gratuita; utiliza la estructura de la aventura clásica para explorar las cloacas de una sociedad estamental donde el honor es la moneda de cambio más valiosa y, a la vez, la más fácil de falsificar. Los protagonistas se ven envueltos en una red de intrigas que involucra a la alta nobleza, el clero y los bajos fondos, obligándolos a navegar por un mar de traiciones donde nadie es quien dice ser.

Uno de los pilares fundamentales de *Sable y Espada* es su guion. Durá y Abadía logran un equilibrio complejo: respetan el lenguaje y la atmósfera de la época —evocando inevitablemente a figuras como Quevedo o Lope de Vega— pero inyectan un ritmo moderno, casi de *buddy movie*, que hace que la lectura sea ágil y adictiva. Los diálogos son afilados, cargados de un humor negro y una ironía que sirve para subrayar la hipocresía de la España imperial. No es solo un cómic de duelos; es una crónica de la supervivencia en un mundo que se desmorona bajo el peso de su propia gloria pasada.

En el apartado visual, el trabajo de Fran Galán es, sencillamente, superlativo. Su estilo rompe con el realismo rígido para ofrecer un dibujo expresivo, de trazo nervioso y lleno de carácter. Galán utiliza una narrativa visual que prioriza el movimiento; las escenas de esgrima están coreografiadas con una claridad asombrosa, permitiendo al lector seguir cada estocada y cada finta. El diseño de personajes es icónico, logrando que la fisonomía de los protagonistas refleje su historia personal sin necesidad de palabras. Además, el uso del color juega un papel narrativo crucial, recreando esa atmósfera opresiva, polvorienta y a veces lúgubre de las callejuelas madrileñas, contrastada con la opulencia cromática de los palacios.

La obra evita caer en el maniqueísmo. No hay héroes inmaculados ni villanos de una sola pieza. Los protagonistas son hombres con sombras, movidos por la necesidad y por un código de ética propio que a menudo choca con la realidad que les rodea. Esta ambigüedad moral dota a la historia de una capa de profundidad que la eleva por encima del simple entretenimiento de aventuras.

En definitiva, *Sable y Espada* es una propuesta imprescindible para entender la evolución del cómic histórico en

Deja un comentario