La serie limitada de John Wick, publicada por la editorial Dynamite Entertainment entre 2017 y 2019, representa una pieza fundamental para los entusiastas de la narrativa transmedia que buscan profundizar en el complejo submundo criminal presentado en la gran pantalla. Escrita por el experimentado Greg Pak (*Planet Hulk*) y con el arte de Giovanni Valletta y Matt Gaudio, esta obra de cinco números no se limita a adaptar los eventos de las películas, sino que funciona como una precuela canónica que explora los orígenes y la formación del hombre antes de convertirse en la leyenda temida por todo el escalafón criminal.
La trama nos sitúa cronológicamente mucho antes de los eventos de la primera película. Aquí encontramos a un John Wick más joven, aunque no por ello menos letal, que acaba de salir de prisión. A diferencia del asesino retirado y melancólico que conocemos en el cine, este John es un hombre impulsado por una sed de venganza primitiva y muy específica. El motor de la historia es la búsqueda de un grupo de criminales conocidos como "The Three Bills", quienes están vinculados a un evento traumático de la infancia de John en El Sauzal, México. Este enfoque permite al lector entender que la naturaleza metódica y obsesiva del protagonista no nació con la pérdida de su perro, sino que es un rasgo intrínseco forjado en su juventud.
Uno de los mayores valores añadidos de este cómic es la expansión de la mitología del Continental y la Alta Mesa. Greg Pak utiliza las páginas para mostrar el primer encuentro de John con las reglas de este universo. Vemos a un Wick que todavía está aprendiendo a navegar por el estricto código de conducta de los asesinos y que, por primera vez, entra en contacto con figuras clave como Charon, el icónico conserje del hotel. La interacción entre ambos ofrece una perspectiva fresca sobre el respeto mutuo que definiría su relación años después. El cómic detalla cómo funciona el sistema de moneda de oro y la importancia de los "marcadores", elementos que en las películas se dan por sentados pero que aquí reciben un contexto fundacional.
A nivel visual, el trabajo de Giovanni Valletta es digno de mención por su capacidad para capturar la fisonomía de Keanu Reeves sin caer en el fotorrealismo estático que a menudo lastra a los cómics basados en licencias cinematográficas. Valletta logra imprimir un dinamismo cinético a las secuencias de combate, emulando el estilo de "Gun-Fu" que caracteriza a la franquicia. El uso de las sombras y una paleta de colores que transita entre los neones urbanos y los tonos áridos de los flashbacks en México refuerza la atmósfera de cine negro moderno. La narrativa visual es cruda y directa, evitando florituras innecesarias para centrarse en la eficiencia del movimiento, reflejando así la propia personalidad del protagonista.
El guion de Pak evita los diálogos expositivos densos. Fiel al personaje, John Wick habla poco; sus acciones definen quién es. La tensión se construye a través de la coreografía de las viñetas y la sensación de que John es un depredador que está perfeccionando su técnica. El cómic también introduce antagonistas que sirven como espejos oscuros de Wick, permitiendo explorar la ética (o la falta de ella) dentro de una sociedad secreta donde el asesinato es una transacción comercial regulada por una burocracia casi religiosa.
En conclusión, el cómic de *John Wick (2017-19)* es un ejercicio de construcción de mundo que respeta profundamente el material de origen mientras aporta capas de profundidad psicológica al protagonista. No es solo un producto derivado para coleccionistas, sino una pieza narrativa que explica por qué el nombre de John Wick infunde un terror reverencial en el inframundo. Para el lector, es la oportunidad de presenciar el nacimiento de "Baba Yaga" y entender que, mucho antes de buscar la paz, John Wick fue una fuerza de la naturaleza dedicada exclusivamente a la retribución. Es una lectura esencial para comprender la arquitectura de las reglas, las deudas y la sangre que sostienen el universo del Continental.