Pusy 1 by TATON

La aparición de *Pusy 1*, obra del autor argentino Juan Carlos Taton, representa uno de los hitos más singulares y transgresores dentro de la narrativa gráfica latinoamericana de finales del siglo XX. Publicado originalmente bajo el sello de Ediciones de la Urraca —casa editorial fundamental para entender el fenómeno de la revista *Fierro*—, este volumen recopila las andanzas de un personaje que desafía cualquier intento de clasificación convencional dentro del género erótico o de aventuras.

El cómic se sitúa en la periferia del movimiento "underground", bebiendo directamente de las fuentes del "feísmo" y la estética de lo grotesco. La protagonista, Pusy, no es una heroína al uso ni responde a los cánones de belleza hegemónicos de la historieta comercial. Es una figura hiperbólica, una fuerza de la naturaleza de formas exageradas y una vitalidad desbordante que transita por un mundo que parece estar en constante estado de descomposición o delirio. Taton utiliza a este personaje para explorar los límites de la representación del cuerpo y el deseo, alejándose de la pornografía clínica para adentrarse en un surrealismo sucio y profundamente humano.

Desde el punto de vista narrativo, *Pusy 1* se estructura a través de relatos breves, a menudo autoconclusivos, donde la acción prima sobre el diálogo. De hecho, gran parte de la fuerza de la obra reside en su capacidad para comunicar sensaciones puramente visuales. El entorno en el que se mueve la protagonista es una urbe onírica, plagada de personajes secundarios que parecen extraídos de una pesadilla carnavalesca: seres deformes, buscavidas, y figuras de autoridad ridiculizadas que interactúan con Pusy en una danza de situaciones absurdas, escatológicas y, en ocasiones, de una ternura inesperada.

El apartado gráfico es, sin duda, el pilar fundamental de esta obra. Taton demuestra un dominio magistral del blanco y negro, utilizando un entintado denso, cargado de texturas y tramas manuales que dotan a cada viñeta de una atmósfera opresiva pero vibrante. Su estilo recuerda a los grandes maestros del underground estadounidense, como Robert Crumb, pero con una identidad rioplatense inconfundible. El uso de las sombras y el contraste no solo sirve para definir los volúmenes de los cuerpos, sino para acentuar la sordidez de los escenarios, convirtiendo el entorno en un personaje más que respira y suda junto a los protagonistas.

Temáticamente, el cómic funciona como una sátira social mordaz. A través de los encuentros y desencuentros de Pusy, Taton pone en tela de juicio las convenciones sobre la moralidad, el sexo y las jerarquías de poder. No hay una intención moralizante; al contrario, la obra celebra la anarquía de los instintos y la libertad individual frente a un sistema que intenta encasillar o reprimir lo diferente. Pusy es, en esencia, un agente del caos que atraviesa la realidad desnudando las hipocresías de quienes la rodean.

Para el lector contemporáneo, *Pusy 1* es un documento histórico de una época en la que el cómic argentino buscaba nuevas fronteras tras el fin de la dictadura, explorando la libertad creativa sin restricciones editoriales. Es una obra que requiere una mirada despojada de prejuicios, dispuesta a sumergirse en una estética que privilegia el impacto visceral sobre la complacencia visual.

En resumen, este primer volumen de Taton no es solo un cómic erótico de culto; es un ejercicio de resistencia artística que utiliza lo grotesco como herramienta de liberación. La edición es un testimonio del talento de un autor que supo capturar la fealdad y la belleza de lo marginal con una técnica impecable y una honestidad brutal, consolidando a Pusy como un icono irrepetible de la historieta de autor. Su lectura sigue siendo hoy tan provocadora y necesaria como en el momento de su publicación original.

Deja un comentario