Muerte animal

Muerte animal, la obra de Víctor Coyote publicada por Autsaider Cómics, se erige como un artefacto narrativo singular dentro del panorama del cómic contemporáneo español. No estamos ante una novela gráfica de estructura tradicional, con un inicio, nudo y desenlace convencionales, sino ante un ensayo antropológico y visual que disecciona, con una precisión casi quirúrgica y una ironía punzante, la compleja, contradictoria y a menudo violenta relación entre el ser humano y el resto de las especies animales.

Víctor Coyote, artista multidisciplinar con una trayectoria que abarca la música, el diseño y la ilustración, utiliza en este volumen el lenguaje del noveno arte para explorar cómo la humanidad ha construido su identidad a través del dominio, el consumo, el afecto y la observación de lo animal. El libro se organiza como una sucesión de relatos cortos, estampas y reflexiones gráficas que no buscan la empatía fácil ni el sentimentalismo, sino que sitúan al lector frente a un espejo incómodo.

El eje central de la obra es la muerte, pero no entendida únicamente como el cese biológico, sino como un proceso cultural. Coyote analiza la muerte animal en todas sus vertientes: desde el rito atávico de la caza y la matanza rural, hasta la asepsia industrial de los mataderos modernos, pasando por la taxidermia, que intenta congelar la vida en un gesto eterno y artificial. El autor pone el foco en la paradoja de una sociedad que idolatra a sus mascotas mientras ignora sistemáticamente el origen del filete que tiene en el plato, o que encuentra belleza en un animal disecado en el salón de una casa.

Visualmente, Muerte animal es una exhibición de fuerza expresiva. Coyote opta por un blanco y negro radical, de contrastes violentos, que remite tanto al grabado clásico como al fanzine underground más crudo. Su trazo es grueso, sucio en ocasiones, pero extremadamente preciso en su capacidad para capturar la textura de la piel, el brillo de un ojo inerte o la frialdad del metal de un cuchillo. La composición de las páginas varía constantemente, adaptándose al tono de cada fragmento: desde viñetas abigarradas que transmiten la claustrofobia de una granja industrial, hasta composiciones más limpias y simbólicas que invitan a la reflexión filosófica.

El cómic también profundiza en la vertiente histórica y sociológica. A través de sus páginas, desfilan referencias a la España rural, a las tradiciones populares que se resisten a desaparecer y a la evolución de nuestra percepción sobre lo que significa ser "animal". No hay un juicio moral explícito por parte del autor; Coyote no se posiciona como un activista, sino como un observador cínico y lúcido. Su objetivo es documentar la realidad, por cruda que sea, y mostrar cómo la muerte animal es una pieza fundamental en el engranaje de nuestra civilización.

La narrativa se apoya en textos breves, a menudo cargados de un humor negro muy particular, que complementan las imágenes sin llegar a explicarlas del todo. Esta economía de palabras potencia el impacto visual y permite que el lector complete el sentido de la obra con su propia experiencia y prejuicios. Es un cómic que exige una lectura activa, que incomoda y que, sobre todo, perdura en la memoria mucho después de haber cerrado sus páginas.

En definitiva, Muerte animal es un inventario de nuestras obsesiones y de nuestra incapacidad para reconciliarnos con nuestra propia naturaleza biológica. Víctor Coyote ha conseguido crear una obra que es, al mismo tiempo, un estudio de campo, un manifiesto estético y una bofetada de realidad. Es una pieza imprescindible para entender el cómic no solo como entretenimiento, sino como una herramienta poderosa para el análisis social y la introspección humana, alejada de cualquier artificio innecesario y centrada en la esencia pura de la imagen y el concepto.

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