Tako

Tako, la obra escrita y dibujada por el autor gallego Antón Seoane, es una pieza fundamental para entender la evolución del género *cyberpunk* y la narrativa de acción en el cómic contemporáneo de autor. Publicada originalmente bajo una estética deudor del *underground* pero con una factura técnica impecable, la obra nos sumerge en un futuro distópico donde la tecnología, la decadencia urbana y la supervivencia individual convergen en una coreografía de violencia y velocidad.

La historia se sitúa en una metrópolis asfixiante, una urbe que parece expandirse infinitamente hacia arriba y hacia los lados, devorando cualquier rastro de naturaleza o humanidad. En este entorno de hormigón, neón y cables expuestos, conocemos a Tako, el protagonista que da nombre al volumen. Tako no es un héroe en el sentido tradicional, ni un justiciero con una agenda moral clara; es un mensajero, un "rider" de élite en un mundo donde la información física y los paquetes de alta prioridad son los únicos bienes que las corporaciones no se atreven a confiar a la red digital, siempre vulnerable al hackeo o al sabotaje.

El conflicto se dispara cuando Tako acepta un encargo aparentemente rutinario que, como suele ocurrir en los cánones del *noir* futurista, resulta ser el detonante de una conspiración a gran escala. Sin entrar en detalles que arruinen la experiencia de lectura, el protagonista se ve envuelto en una persecución frenética donde las distintas facciones que controlan la ciudad —desde megacorporaciones con recursos ilimitados hasta bandas callejeras tecnológicamente aumentadas— intentan hacerse con el contenido de su entrega.

Lo que define a *Tako* por encima de otras obras de temática similar es su propuesta visual y narrativa. Antón Seoane despliega un estilo gráfico que bebe directamente de los grandes maestros del manga de los años 80 y 90, con Katsuhiro Otomo (*Akira*) como referente más evidente, pero filtrado a través de una sensibilidad europea y un uso del blanco y negro extremadamente agresivo y contrastado. El dibujo es detallista hasta la obsesión en lo que respecta a la arquitectura y la maquinaria, logrando que la ciudad se sienta como un organismo vivo y opresivo que asfixia a sus habitantes.

La narrativa de Seoane es puramente cinematográfica. El autor confía plenamente en la capacidad del lector para interpretar la acción a través del movimiento y el encuadre, reduciendo los diálogos a lo estrictamente necesario. Las secuencias de persecución en motocicleta, que ocupan gran parte del metraje del cómic, son lecciones magistrales de ritmo y composición. El lector puede sentir la inercia de las máquinas, el peligro de las colisiones y la urgencia de la huida gracias a un uso dinámico de las líneas de acción y una fragmentación de las viñetas que acelera el pulso del relato.

Temáticamente, *Tako* explora la deshumanización en entornos hipertecnológicos. A través de los ojos del protagonista, observamos una sociedad donde el cuerpo humano es solo una carcasa intercambiable o mejorable, y donde la identidad individual se diluye en favor de la eficiencia logística. Sin embargo, el cómic evita los sermones filosóficos densos, prefiriendo que estos temas emerjan de forma orgánica a través de la ambientación y las interacciones brutales entre los personajes.

En conclusión, *Tako* es un ejercicio de estilo y adrenalina. Es un cómic que se lee con rapidez por su ritmo endiablado, pero que exige relecturas pausadas para apreciar la complejidad de sus fondos y la precisión de su entintado. Es una obra imprescindible para los amantes de la ciencia ficción dura y para aquellos que buscan un cómic donde la narrativa visual sea la verdadera protagonista, demostrando que el género *cyberpunk* todavía tiene mucho que decir cuando se aborda con la garra y el talento técnico de Antón Seoane.

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