*Ombligos* (originalmente *Les Nombrils*) es una de las series más disruptivas y exitosas del cómic franco-belga contemporáneo. Creada por la guionista Maryse Dubuc y el dibujante Marc Delafontaine (Delaf), la obra comenzó su andadura en las páginas de la revista *Spirou* en 2004, presentándose inicialmente como una sucesión de gags de una página para evolucionar, con el paso de los álbumes, hacia una narrativa serializada de una complejidad psicológica y dramática inusual en el género del humor juvenil.
La premisa se centra en un trío de adolescentes cuya dinámica redefine el concepto de "amistad tóxica". Por un lado, tenemos a Vicky y Jenny, las protagonistas que dan nombre a la serie por su egocentrismo (mirarse siempre el ombligo). Vicky es la estratega, una joven manipuladora, cruel y consciente de su poder social; Jenny es la belleza clásica, dotada de un físico espectacular pero de una ingenuidad que raya en la estulticia, lo que la convierte en el arma perfecta para los planes de su compañera. En el vértice opuesto se encuentra Karine, una chica alta, desgarbada y extremadamente bondadosa que actúa como el "patito feo" del grupo. Karine no solo es el blanco constante de las burlas y humillaciones de sus supuestas mejores amigas, sino que también ejerce como su sirvienta de facto, realizando sus tareas y soportando sus desprecios con una paciencia casi patológica.
Lo que diferencia a *Ombligos* de otras series de temática escolar es su tono. Bajo una estética colorista y un diseño de personajes que bebe del *cartoon* moderno, subyace una crítica feroz a la superficialidad, el acoso escolar y la jerarquía social en la adolescencia. Dubuc no suaviza la crueldad de las antagonistas; al contrario, la utiliza para exponer las inseguridades y los traumas que alimentan su comportamiento. A medida que la serie avanza, el lector descubre que nadie es puramente unidimensional: las villanas tienen trasfondos familiares desoladores y la víctima, Karine, posee una resiliencia que la llevará a una transformación radical.
A partir del cuarto álbum, la estructura de la obra sufre un cambio fundamental. Los gags autoconclusivos dejan paso a arcos argumentales largos que abrazan el drama, el suspense e incluso el *thriller* psicológico. La serie se atreve a tocar temas tabú como los trastornos alimenticios, la identidad sexual, el abandono parental y la delincuencia, manteniendo siempre un equilibrio precario pero efectivo con el humor negro. Esta transición narrativa es uno de los mayores logros de los autores, logrando que el lector pase de la risa ante una situación ridícula a la tensión absoluta por el bienestar físico o emocional de los personajes.
Visualmente, el trabajo de Delaf es impecable. Su estilo evoluciona desde un trazo más sencillo hacia un detallismo asombroso en las expresiones faciales y el lenguaje corporal. La capacidad del dibujante para transmitir la malicia en una mirada de Vicky o el dolor contenido en el rostro de Karine es fundamental para el peso dramático de la historia. El uso del color también juega un papel narrativo, acentuando los momentos de aislamiento o las atmósferas opresivas cuando la trama se vuelve más oscura.
*Ombligos* no es solo un cómic sobre chicas populares y perdedoras; es un estudio sobre la maduración forzada y las cicatrices que deja la búsqueda de aceptación. La obra desafía las convenciones del cómic juvenil tradicional al negarse a ofrecer soluciones fáciles o finales moralistas inmediatos. En su lugar, ofrece un retrato crudo, aunque satírico, de la selva social que es el instituto, donde la belleza es una moneda de cambio y la lealtad es un concepto maleable. Es, en definitiva, una obra imprescindible que demuestra cómo el humor puede ser la herramienta más afilada para diseccionar la naturaleza humana.