Plague of the Living Dead es una obra que ocupa un lugar particular dentro de la vasta cronología del género de los muertos vivientes en el noveno arte. Publicada por la editorial Avatar Press, conocida por su enfoque sin concesiones hacia la violencia y el horror explícito, esta serie limitada destaca principalmente por su pedigrí: está escrita por John Russo. Para el lector iniciado, Russo no es un nombre cualquiera; fue el co-guionista de la película original *Night of the Living Dead* (1968) junto a George A. Romero. Tras la separación creativa de ambos, Russo retuvo ciertos derechos sobre el concepto de los "Living Dead", y este cómic es una de las extensiones más crudas de su visión particular del apocalipsis zombi.
La historia nos traslada al año 1977, situándose en un contexto histórico muy específico que define tanto la estética como la tecnología y la mentalidad de los personajes. La trama se desarrolla en una zona rural de Virginia, un escenario que evoca inmediatamente la atmósfera aislada y opresiva de las películas clásicas de terror de los años 70. A diferencia de otras obras contemporáneas que buscan explicar el origen del brote a través de virus espaciales o mutaciones inexplicables, *Plague of the Living Dead* introduce un elemento de conspiración y experimentación científica que se siente muy propio de la era de la Guerra Fría.
El motor de la narrativa es un experimento biológico que sale terriblemente mal. No se trata de un brote global instantáneo, sino de una infección localizada que comienza a expandirse con una ferocidad incontrolable. El guion de Russo se centra en la rapidez con la que el orden social se desmorona cuando la ciencia intenta jugar a ser Dios. Los zombis aquí presentados siguen las reglas clásicas establecidas por el autor: son cadáveres reanimados, impulsados por un hambre insaciable de carne viva, cuya única debilidad reside en la destrucción del cerebro. Sin embargo, la crudeza con la que se narra su avance eleva la tensión por encima del estándar del género.
El apartado visual corre a cargo del artista Dheeraj Verma, cuyo estilo es fundamental para entender el impacto de este cómic. Verma utiliza un trazo detallado y sombrío que se recrea en la anatomía de la descomposición. Al ser un título de Avatar Press, el lector debe estar preparado para un nivel de realismo visceral; el dibujo no escatima en detalles a la hora de mostrar las consecuencias físicas del ataque de un no-muerto. Esta honestidad visual refuerza la sensación de peligro constante: en este mundo, cualquier error es fatal y extremadamente doloroso.
La estructura de la obra sigue a un grupo dispar de supervivientes, que incluye desde agentes de la ley hasta civiles atrapados en el fuego cruzado de un experimento gubernamental que nunca debió ver la luz. La dinámica entre ellos no se basa en el heroísmo tradicional, sino en la desesperación y el instinto de preservación. Russo utiliza a estos personajes para explorar la negligencia institucional y la fragilidad de la infraestructura rural frente a una amenaza biológica. No hay grandes discursos morales; hay una lucha frenética por encontrar un lugar seguro en un paisaje que se vuelve hostil en cuestión de horas.
Uno de los puntos más fuertes de *Plague of the Living Dead* es su capacidad para mantener un ritmo implacable. Desde el momento en que el primer cadáver se levanta, la narrativa no da respiro. El cómic funciona como una pieza de horror puro que rinde homenaje a las raíces del género mientras aprovecha la libertad creativa del medio impreso para mostrar lo que el presupuesto cinematográfico de los años 70 no permitía. Es una visión nihilista y oscura que se aleja de las interpretaciones más modernas o "romantizadas" del zombi, devolviendo a estas criaturas su estatus de monstruos aterradores e imparables.
En resumen, *Plague of the Living Dead* es una lectura esencial para quienes buscan una experiencia de horror directa, sin adornos y profundamente anclada en la tradición de John Russo. Es un recordatorio de que, antes de que los zombis fueran un fenómeno de la cultura pop de masas, eran el centro de relatos perturbadores sobre la muerte, el fracaso de la ciencia y el colapso absoluto de la civilización.