Lucien, la obra cumbre de Frank Margerin, representa uno de los pilares fundamentales de la *bande dessinée* (BD) de corte costumbrista y humorístico de finales del siglo XX. Surgido inicialmente en las páginas de la mítica revista *Métal Hurlant* a finales de los años 70, este personaje no tardó en independizarse para protagonizar su propia serie de álbumes, convirtiéndose en un icono cultural que trasciende el papel para personificar la esencia de una generación específica de la juventud francesa.
La narrativa de *Lucien* se aleja de las epopeyas fantásticas o los thrillers de acción para centrarse en la cotidianidad de los suburbios de París, específicamente en la zona de Malakoff. El protagonista es un joven "rocker" de clase obrera, fácilmente reconocible por su rasgo físico más distintivo: un tupé (o "banana") descomunal que desafía las leyes de la gravedad y una nariz prominente que define el estilo estético de Margerin. Lucien no es un héroe en el sentido convencional; es un tipo común, un apasionado del rock and roll, las motocicletas y la vida social en el barrio.
El núcleo de la serie reside en la dinámica de grupo. Lucien rara vez está solo; lo acompañan sus inseparables amigos Ricky y Gillou. Juntos forman una banda de rock y comparten una existencia marcada por la búsqueda constante de diversión, la reparación de ciclomotores y la gestión de los pequeños dramas de la vida diaria. A través de sus ojos, el lector explora un universo de bares de barrio, salas de ensayo improvisadas y calles periféricas. La genialidad de Margerin reside en su capacidad para capturar la atmósfera de la "banlieue" con un optimismo contagioso, evitando el tono sombrío que suele asociarse a los entornos suburbanos en otros medios.
Estructuralmente, el cómic comenzó como una sucesión de historias cortas y gags de pocas páginas, pero con el tiempo evolucionó hacia narrativas más largas y complejas. Lo que diferencia a *Lucien* de otros personajes de cómic es su envejecimiento en tiempo real. A diferencia de figuras estáticas como Tintín o Astérix, Lucien crece con su autor y con su público. En los primeros álbumes, lo vemos como un adolescente despreocupado; más adelante, la serie aborda su transición a la edad adulta, enfrentándose al desempleo, las responsabilidades familiares y, finalmente, la crisis de la mediana edad. Esta evolución permite que la obra funcione como un documento sociológico sobre el paso del tiempo y la pérdida de la juventud, manteniendo siempre un sentido del humor agudo pero benevolente.
Visualmente, el trabajo de Margerin es impecable dentro del estilo conocido como "línea clara" evolucionada o estilo "gros nez" (narices grandes). Sus viñetas están saturadas de detalles: desde los carteles en las paredes de los bares hasta los componentes mecánicos de una moto desarmada. Este nivel de detalle no solo aporta realismo, sino que sumerge al lector en una época y un lugar muy concretos, convirtiendo el entorno en un personaje más de la trama.
El tono de la obra es de una nostalgia vibrante. No es una nostalgia triste, sino una celebración de la cultura popular, la amistad masculina y la resiliencia de la clase trabajadora. *Lucien* trata sobre la lealtad a unos ideales estéticos y musicales (el rock de los 50 y 60) en un mundo que cambia rápidamente. Es un cómic sobre la identidad y la pertenencia, narrado con una sencillez técnica que esconde una profunda comprensión de la naturaleza humana.
En resumen, *Lucien* es una crónica urbana esencial. Es la historia de un hombre que, a pesar de los cambios sociales y el paso de los años, intenta mantener intacta su esencia, su tupé y su amor por la guitarra eléctrica. Para cualquier estudioso del cómic europeo, esta obra es una referencia obligatoria para entender cómo la BD logró capturar el espíritu de la calle con autenticidad, humor y una humanidad desbordante.