Diosamante

Diosamante es una de las obras más singulares y visualmente impactantes dentro del panorama del cómic europeo de finales del siglo XX. Publicada originalmente en 1992, esta obra representa la culminación de una colaboración irrepetible entre dos gigantes del medio: el guionista chileno Alejandro Jodorowsky y el dibujante francés Jean-Claude Gal. Se encuadra dentro del género de la fantasía heroica, pero bajo el prisma metafísico y transformador que caracteriza toda la producción literaria de Jodorowsky.

La historia se sitúa en el reino de Arandis, un territorio de arquitectura colosal y paisajes áridos donde la voluntad de una sola mujer es ley absoluta. La protagonista, Diosamante, es una reina de una belleza sobrenatural, pero cuya alma está marcada por una crueldad implacable y un narcisismo devorador. Su poder no solo emana de su linaje, sino de su capacidad para subyugar a todo aquel que la contempla. Sin embargo, su estabilidad emocional y política se ve sacudida por la llegada de un misterioso peregrino. Este hombre, lejos de caer rendido ante sus encantos o temblar ante su autoridad, le revela una verdad que Diosamante no puede tolerar: existe un hombre, el "Rey del Mundo", cuya sabiduría y poder espiritual son infinitamente superiores a los de ella.

Este encuentro actúa como el motor narrativo de la obra. Herida en su orgullo y consumida por una curiosidad que bordea la obsesión, Diosamante decide abandonar su trono y su comodidad para emprender una búsqueda épica. El objetivo es encontrar a ese supuesto soberano ideal, no para rendirle pleitesía, sino para desafiarlo o, en su defecto, poseerlo. Lo que comienza como una expedición de conquista se transforma rápidamente en un "via crucis" de despojo personal. Jodorowsky utiliza la estructura del viaje del héroe para someter a su protagonista a una serie de pruebas físicas y espirituales que buscan desmantelar su ego.

A nivel de guion, Jodorowsky se aleja de la verborrea psicodélica de otras de sus obras, como *El Incal*, para adoptar un tono más solemne, casi bíblico o mitológico. La narrativa se centra en la transmutación de la protagonista: de una tirana despiadada a un ser que debe conocer el sufrimiento, la humillación y la pérdida para alcanzar una comprensión superior de la existencia. Es una historia de redención a través del dolor, un tema recurrente en la bibliografía del autor, pero que aquí encuentra un equilibrio perfecto con la estructura clásica de la espada y brujería.

No obstante, es imposible hablar de *Diosamante* sin profundizar en el apartado gráfico de Jean-Claude Gal. El dibujante, conocido por su perfeccionismo obsesivo y su escasa producción, alcanzó en este cómic su cénit artístico. Cada viñeta es una pieza de orfebrería. Gal utiliza un estilo hiperdetallista, con un rayado manual extremadamente fino que otorga a las imágenes una textura casi grabada. Su diseño de escenarios es monumental; las ciudades de Arandis y los desiertos que las rodean poseen una escala que transmite una sensación de antigüedad y decadencia sobrecogedora. La arquitectura no es un simple fondo, sino un personaje más que subraya la insignificancia del individuo frente a la historia y el destino.

El trabajo de Gal en la anatomía y el vestuario es igualmente meticuloso. Diosamante es retratada con una elegancia gélida, y su evolución física a lo largo del relato —desde la opulencia de sus ropajes reales hasta la desnudez y las cicatrices del camino— está narrada visualmente con una precisión quirúrgica. Lamentablemente, la obra quedó inconclusa en su planteamiento original debido al fallecimiento de Gal en 1994, lo que convierte a este volumen en un testamento artístico de un dibujante que prefería la calidad absoluta sobre la cantidad.

En resumen, *Diosamante* es un cómic que trasciende las convenciones de la fantasía épica. Es una exploración sobre la naturaleza del poder, la belleza como carga y la búsqueda de la iluminación. Para el lector, supone una experiencia estética densa y profunda, donde el guion filosófico de Jodorowsky y el arte arquitectónico de Gal se fusionan para crear un mundo que se siente tan tangible como onírico. Es una pieza esencial para entender la evolución del cómic adulto europeo y una lección de cómo la narrativa visual puede alcanzar cotas de majestuosidad pocas veces igualadas.

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