Publicado originalmente entre los años 2000 y 2001 por el sello WildStorm (una división de DC Comics), *Resident Evil: Fire and Ice* representa uno de los intentos más ambiciosos por expandir el universo de la franquicia de Capcom fuera de las consolas. A diferencia de otras adaptaciones que se limitaban a recrear los eventos de los videojuegos, esta miniserie de cuatro números optó por una dirección arriesgada: presentar una historia original con personajes inéditos, profundizando en la mitología de Umbrella Corporation y las unidades S.T.A.R.S. desde una perspectiva táctica y global.
La narrativa se aleja de los conocidos equipos Alpha y Bravo de Raccoon City para centrarse en el Equipo Charlie de S.T.A.R.S. Esta unidad, diseñada específicamente para el formato del cómic, está liderada por Falcon, un estratega experimentado que debe mantener la cohesión de un grupo diverso frente a amenazas biológicas sin precedentes. La trama se estructura, como indica su título, en dos frentes geográficos y climáticos opuestos, lo que permite al lector explorar cómo el virus de Umbrella reacciona y se adapta a entornos extremos.
El primer arco argumental, el segmento de "Hielo", sitúa al equipo en las gélidas tierras de Alaska. La premisa arranca con la investigación de una instalación de Umbrella oculta bajo el permafrost. Aquí, el cómic captura la esencia del *survival horror* clásico: aislamiento, recursos limitados y la constante sensación de ser acechados por algo que se mueve con agilidad en la blancura total del paisaje. El equipo Charlie descubre que Umbrella no solo está experimentando con humanos, sino que ha logrado hibridar cepas virales con la fauna local, creando abominaciones adaptadas a las temperaturas bajo cero. La tensión en este tramo se centra en la supervivencia pura y en la paranoia de un espacio confinado donde el frío es tan letal como las criaturas.
El segundo arco, el segmento de "Fuego", traslada la acción a un entorno radicalmente distinto: las selvas tropicales de México, específicamente cerca de una zona volcánica. En este escenario, el equipo debe rastrear una nueva variante del virus que parece prosperar en el calor extremo. La narrativa aquí acelera el ritmo, transformándose en un relato de acción táctica y espionaje industrial. Los protagonistas no solo deben enfrentarse a zombis y mutaciones aceleradas por el metabolismo del calor, sino también a las intrigas internas de la corporación y a la posibilidad de que haya un traidor en sus propias filas.
Uno de los puntos más destacados de *Resident Evil: Fire and Ice* es su apartado visual. El cómic cuenta con el arte de un joven Lee Bermejo, quien años más tarde se convertiría en una superestrella de la industria. Su estilo, caracterizado por un realismo sucio y una atención meticulosa a las texturas, encaja perfectamente con la atmósfera de la saga. Las criaturas son representadas con un nivel de detalle grotesco que supera lo visto en los juegos de la época, y el diseño de los uniformes y el equipo táctico del Equipo Charlie aporta una verosimilitud militar que eleva el tono de la obra.
Escrito por Ted Adams y Kris Oprisko, el guion logra equilibrar la exposición necesaria para los neófitos con guiños constantes para los seguidores acérrimos de la saga. Aunque los personajes principales son nuevos, la sombra de figuras como Wesker y la presencia ominosa de Umbrella actúan como el tejido conectivo que ancla esta historia dentro del canon (o "semi-canon") de la franquicia. La obra no se pierde en florituras innecesarias; va directa al grano, presentando el horror biológico como un problema de escala global que requiere soluciones drásticas.
En conclusión, *Resident Evil: Fire and Ice* es una pieza de colección esencial para entender la expansión mediática de la marca a principios de siglo. Ofrece una visión fresca al alejarse de la mansión Spencer y Raccoon City, demostrando que el concepto de los S.T.A.R.S. y el bioterrorismo tenía potencial para sostener historias complejas en cualquier rincón del planeta. Es un ejercicio de atmósfera y acción que respeta las reglas del juego mientras construye su propio camino entre la nieve y las llamas.