Torpedo 1936

Torpedo 1936 no es solo un referente del cómic español, sino una de las cumbres mundiales del género negro en la historieta. Creada por el guionista Enrique Sánchez Abulí y consolidada visualmente por el dibujante Jordi Bernet —tras una breve etapa inicial con el legendario Alex Toth—, la obra se desmarca de las convenciones del género para ofrecer una visión descarnada, cínica y profundamente amoral de los bajos fondos neoyorquinos durante la Gran Depresión.

La serie narra las andanzas de Luca Torelli, un inmigrante italiano que, endurecido por una infancia de miseria y violencia, se convierte en un asesino a sueldo implacable, apodado «Torpedo». Ambientada en una Nueva York sumida en la ley seca, el desempleo y la corrupción sistémica, la obra utiliza el año 1936 como eje cronológico, aunque sus relatos se expanden por toda la década de los treinta. Torelli no es un antihéroe con un código de honor oculto; es un criminal profesional, misógino, egoísta y carente de cualquier atisbo de redención, lo que convierte a la obra en un ejercicio de realismo sucio sin concesiones.

El contrapunto narrativo lo aporta Rascal, el ayudante de Torelli. Rascal es un personaje patético y torpe que sirve tanto de alivio cómico como de saco de boxeo para el protagonista. La dinámica entre ambos es uno de los pilares de la serie: una relación de subordinación basada en el miedo y la necesidad mutua, que Abulí utiliza para desplegar un humor negro corrosivo. A través de sus diálogos, cargados de argot callejero, juegos de palabras y una ironía punzante, el guionista construye una atmósfera donde la violencia estalla de forma tan natural como absurda.

Desde el punto de vista artístico, la llegada de Jordi Bernet tras los dos primeros episodios supuso la definición estética definitiva de la obra. Bernet, maestro del claroscuro y de la técnica de la mancha, dota a la serie de una atmósfera cinematográfica que bebe directamente del cine expresionista y del *film noir* clásico. Su dibujo es dinámico, sucio cuando la historia lo requiere y extremadamente elegante en la composición de página. La Nueva York de Bernet es un personaje en sí mismo: una jungla de asfalto de callejones húmedos, tugurios llenos de humo y muelles neblinosos donde las sombras ocultan tanto el peligro como la decadencia moral de sus habitantes.

Estructuralmente, *Torpedo 1936* se compone mayoritariamente de historias cortas, autoconclusivas, que funcionan como disparos certeros. Abulí demuestra una maestría absoluta en el formato breve, logrando presentar un conflicto, desarrollarlo y cerrarlo con un giro final —a menudo cruel o irónico— en apenas ocho o diez páginas. Esta brevedad potencia la sensación de fatalismo que impregna la obra; en el mundo de Torelli, la vida vale poco y las decisiones se toman por instinto de supervivencia o por un puñado de dólares.

El cómic también destaca por su valentía temática. A diferencia de otros personajes del género que buscan la justicia por fuera de la ley, Torelli es un depredador dentro de un ecosistema podrido. La serie no rehúye mostrar la brutalidad de las mafias, la explotación, la miseria de las colas del hambre ni la violencia sexual, siempre bajo un prisma de distanciamiento crítico que evita la glorificación del protagonista. Es un retrato sociológico de una época convulsa, filtrado por la lente de la serie negra más pura.

En resumen, *Torpedo 1936* es una obra técnica y narrativamente impecable. La simbiosis entre los guiones afilados de Abulí y el trazo magistral de Bernet creó un estándar para el cómic adulto europeo. Es una lectura esencial para comprender la evolución de la narrativa criminal en el noveno arte, ofreciendo una experiencia cruda que, décadas después de su publicación original, conserva intacta su capacidad de impacto y su vigencia estética. Una obra donde la ética brilla por su ausencia, pero donde la excelencia artística está presente en cada viñeta.

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