El Maldito – Hijos Prodigos

El Maldito: Hijos Pródigos (título original: *The Damned: Prodigal Sons*) es la continuación directa de la mitología noir sobrenatural creada por el guionista Cullen Bunn y el dibujante Brian Hurtt. Tras el éxito de su primera incursión en este universo con "Tres días de muertos", la dupla creativa —responsable también de la aclamada *The Sixth Gun*— expande en este volumen el oscuro submundo de una Chicago alternativa durante la época de la Prohibición, donde las mafias no están compuestas por gánsteres comunes, sino por familias de demonios que se disputan el control del vicio y las almas humanas.

La narrativa se centra nuevamente en Eddie, un hombre que carga con una de las maldiciones más crueles imaginables: la inmortalidad absoluta. Sin embargo, en el mundo de *El Maldito*, la inmortalidad no es un don heroico ni una ventaja táctica limpia. Cada vez que Eddie muere —ya sea por un disparo, una paliza o un accidente—, su cuerpo experimenta todo el dolor físico de la agonía antes de regresar a la vida. Esta condición lo ha convertido en el "limpiador" y mensajero perfecto para las facciones demoníacas que operan en las sombras de la ciudad, ya que es el único capaz de entrar en situaciones suicidas y salir, eventualmente, caminando.

En Hijos Pródigos, la trama se vuelve mucho más personal y visceral. La historia arranca con Eddie intentando navegar las peligrosas aguas de una tregua inestable entre las dos principales familias demoníacas: los Alal y los Wyrm. El equilibrio de poder en Chicago es frágil, y cualquier chispa amenaza con desatar una guerra total que arrasaría tanto el mundo humano como el infernal. En medio de esta tensión política, surge el motor de este arco argumental: la búsqueda de Morgan, el hermano de Eddie.

Morgan, quien comparte un pasado turbio y traumático con el protagonista, ha desaparecido, y los rumores sugieren que está involucrado en un plan que podría cambiar las reglas del juego para los señores del infierno. La relación entre los hermanos es el núcleo emocional de la obra; es un vínculo forjado en el resentimiento, la culpa y una lealtad retorcida que obliga a Eddie a descender a los niveles más bajos de la depravación urbana para encontrarlo. A diferencia de otros relatos de búsqueda, aquí no hay espacio para el sentimentalismo; la reunión de los "hijos pródigos" promete ser tan violenta como el entorno que los rodea.

El guion de Bunn destaca por su capacidad para fusionar el género negro más puro —con sus diálogos cortantes, callejones lluviosos y ambigüedad moral— con un horror cósmico y demoníaco muy tangible. No se trata de una lucha entre el bien y el mal, sino de una lucha por la supervivencia en un ecosistema donde los humanos son meros peones o ganado. Eddie no es un héroe; es un hombre cansado, cínico y físicamente destrozado que solo desea un descanso que su maldición le niega sistemáticamente.

Visualmente, Brian Hurtt realiza un trabajo magistral al capturar la atmósfera de los años 30. Su dibujo huye de lo caricaturesco para ofrecer una Chicago sucia y opresiva. El diseño de los demonios es particularmente notable: no son simples monstruos con cuernos, sino entidades que visten trajes a medida y fuman puros, cuya verdadera naturaleza monstruosa se filtra a través de detalles sutiles o estallidos de violencia gráfica. El uso de las sombras y la narrativa secuencial refuerza esa sensación de fatalismo propia del *hardboiled*.

Hijos Pródigos no solo expande el lore de la serie al introducir nuevas jerarquías infernales y artefactos malditos, sino que profundiza en la psicología de su protagonista.

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