El Dia del Padre

El Día del Padre (*Le Jour du Père*), con guion de Denis Lapière y dibujo de Christian Rossi, es una de las obras más introspectivas y sólidas dentro de la vertiente del *thriller* psicológico europeo contemporáneo. Publicada originalmente bajo el prestigioso sello *Aire Libre* de Dupuis, esta novela gráfica se aleja de los tropos convencionales del género criminal para adentrarse en las arenas movedizas de la identidad, la herencia emocional y las cuentas pendientes que el tiempo nunca logra saldar por completo.

La narrativa nos presenta a Marc, un arquitecto de éxito que ha logrado construir una vida aparentemente perfecta y blindada en la ciudad. Marc es la personificación del triunfo profesional y la estabilidad burguesa; sin embargo, este edificio de cristal se sostiene sobre unos cimientos de silencio y negación. Su pasado es una zona de exclusión que ha intentado borrar sistemáticamente. El conflicto estalla cuando la figura de su padre, un hombre vinculado al mundo del hampa y ausente durante décadas, reaparece de forma abrupta. Esta irrupción no es solo un evento físico, sino una demolición controlada de la realidad que Marc ha diseñado para sí mismo.

El guion de Lapière destaca por su capacidad para manejar la tensión sin recurrir a la pirotecnia gratuita. La trama se articula en torno a un secreto familiar vinculado a un antiguo robo, pero el verdadero motor de la historia es la confrontación generacional. El autor utiliza el pretexto del género *noir* para explorar qué significa ser hijo de alguien a quien se desprecia y, al mismo tiempo, se teme parecerse. La estructura narrativa es precisa, alternando el presente con la carga de un pasado que se manifiesta no tanto en *flashbacks* explicativos, sino en la atmósfera opresiva que rodea a los personajes.

En el apartado visual, Christian Rossi demuestra por qué es considerado uno de los maestros del realismo en el cómic franco-belga. Su dibujo en El Día del Padre es de una sobriedad magistral. Rossi huye de la espectacularidad para centrarse en la expresividad de los rostros y en la narrativa de los espacios. La arquitectura, profesión del protagonista, juega un papel visual simbólico: las líneas rectas, limpias y frías de los edificios de Marc contrastan con la suciedad, el desorden y la penumbra de los ambientes en los que se mueve su padre. El uso del color es fundamental para establecer el tono emocional de cada escena, moviéndose entre una paleta de grises y tonos terrosos que refuerzan la sensación de melancolía y fatalismo.

Uno de los mayores aciertos de la obra es evitar el maniqueísmo. El padre no es un villano de manual, ni Marc es una víctima pura. La relación entre ambos está teñida de una ambigüedad moral que incomoda al lector. La historia plantea preguntas incómodas sobre la herencia: ¿somos responsables de los pecados de nuestros progenitores? ¿Es posible escapar del destino que nuestra sangre parece habernos trazado? El título, cargado de una ironía amarga, convierte una festividad tradicionalmente asociada al afecto en el escenario de una catarsis violenta y necesaria.

El Día del Padre es, en definitiva, un ejercicio de narrativa adulta que utiliza los códigos del género negro para realizar una disección quirúrgica de la familia. Es un cómic sobre el peso de los secretos y la imposibilidad de construir un futuro sólido si se ignora la podredumbre de los cimientos. La colaboración entre Lapière y Rossi resulta en una obra equilibrada, donde el silencio de las viñetas dice tanto como los diálogos, y donde el clímax no busca la resolución de un enigma criminal, sino la aceptación de una verdad devastadora. Una pieza imprescindible para quienes buscan en el noveno arte una profundidad temática que trascienda el mero entretenimiento.

Deja un comentario