Garabatos, la obra escrita por Álvaro Nofuentes e ilustrada por Enrique Lorenzo, se erige como una de las propuestas más introspectivas y emocionalmente densas del panorama de la novela gráfica española contemporánea. Publicada bajo el sello de Dibbuks, esta obra no es simplemente un relato sobre la enfermedad mental, sino una exploración laberíntica sobre la percepción, la culpa y el arte como último refugio de la cordura.
La trama nos sitúa en la vida de Lucas, un joven cuya existencia ha quedado fracturada y confinada entre las paredes de un centro psiquiátrico. Lucas es un personaje definido por su silencio; un silencio que no es vacío, sino que está saturado de imágenes. Su única forma de procesar el entorno y su propio pasado es a través del dibujo. Sin embargo, sus creaciones no son meras ilustraciones recreativas, sino "garabatos" compulsivos que parecen contener las claves de un trauma que él mismo es incapaz de verbalizar.
El núcleo narrativo de la obra se activa cuando la rutina de Lucas en la institución se ve alterada por la aparición de ciertos estímulos que lo obligan a confrontar la realidad que ha intentado sepultar. A través de una estructura que alterna la frialdad del presente clínico con la efervescencia caótica de su mundo interior, el lector es invitado a descifrar qué hay de verdad y qué hay de proyección en los trazos del protagonista. La historia se construye como un rompecabezas psicológico donde cada dibujo de Lucas funciona como una pieza que, lejos de aclarar el panorama de inmediato, añade capas de ambigüedad y misterio.
Uno de los pilares fundamentales de Garabatos es la simbiosis entre el guion de Nofuentes y el arte de Lorenzo. La narrativa visual no es un acompañamiento, sino el motor principal de la historia. Enrique Lorenzo utiliza un estilo que muta según el estado anímico del protagonista. Mientras que las escenas en el hospital mantienen una composición de página más rígida y una paleta de colores contenida, los momentos en los que Lucas se sumerge en su arte o en sus recuerdos se desbordan. El trazo se vuelve nervioso, sucio y expresionista, justificando el título de la obra. Estos "garabatos" son, en esencia, el lenguaje de un hombre que ha perdido la conexión con el mundo exterior pero que mantiene una comunicación visceral con su propio dolor.
El cómic aborda temas universales como la redención y la búsqueda de la identidad tras una tragedia. No busca ofrecer respuestas fáciles ni caer en el sentimentalismo gratuito. Al contrario, mantiene una tensión constante, casi asfixiante, que obliga al lector a empatizar con la confusión de Lucas. La figura de los médicos y otros internos sirve para anclar la historia en una realidad tangible, pero es en la subjetividad del protagonista donde la obra alcanza su mayor profundidad. La relación de Lucas con una figura femenina de su pasado se convierte en el hilo conductor que guía el suspense de la trama, planteando preguntas sobre la responsabilidad y las consecuencias de nuestros actos.
En términos de ritmo, Garabatos es una obra de cocción lenta. Se toma su tiempo para establecer la atmósfera de aislamiento y la psicología de sus personajes. No hay concesiones a la acción gratuita; cada viñeta está diseñada para transmitir una sensación de inquietud o de melancolía. La gestión de los silencios es magistral, permitiendo que el lector rellene los huecos con sus propias interpretaciones antes de que el guion revele la siguiente capa de la cebolla.
En conclusión, Garabatos es una pieza indispensable para quienes buscan en el cómic una experiencia que trascienda el entretenimiento superficial. Es un estudio psicológico riguroso que utiliza las herramientas exclusivas del medio —la combinación de texto, imagen y el espacio entre viñetas— para narrar lo inenarrable. Una obra que demuestra que, a veces, los trazos más desordenados y erráticos son los que dibujan con mayor precisión la complejidad del alma humana. Sin recurrir a artificios innecesarios, Nofuentes y Lorenzo logran que el lector termine la obra con la sensación de haber recorrido un camino difícil, pero necesario, hacia la comprensión de la frag