Publicado originalmente en 1990 por la editorial independiente Aircel Comics (que más tarde sería adquirida por Malibu y posteriormente por Marvel), el primer volumen de *The Men In Black*, creado por el guionista Lowell Cunningham y el dibujante Sandy Carruthers, representa una de las piezas más fascinantes y, a menudo, malinterpretadas de la historia del cómic contemporáneo. Para el lector que llega a estas páginas condicionado por la exitosa franquicia cinematográfica, este volumen supone un choque cultural inmediato: aquí no hay comedia de acción ni una visión optimista de la coexistencia intergaláctica. Lo que encontramos es un thriller de ciencia ficción oscuro, cínico y profundamente inquietante.
La premisa de este primer volumen establece la existencia de una organización clandestina internacional que opera totalmente al margen de cualquier supervisión gubernamental o legal. Su misión no es simplemente proteger a la Tierra de amenazas externas, sino mantener el "statu quo" a cualquier precio. Los Hombres de Negro son los conserjes de la realidad, encargados de ocultar la existencia de lo paranormal, lo extraterrestre y lo inexplicable para que la humanidad pueda seguir viviendo en una ignorancia cómoda. Sin embargo, a diferencia de las adaptaciones posteriores, en este cómic la jurisdicción de la agencia no se limita a los alienígenas; abarca también demonios, mutantes, entes interdimensionales y leyendas urbanas que resultan ser aterradoramente reales.
El núcleo narrativo de este volumen se centra en la dinámica entre el Agente Kay y el Agente Jay. Kay es retratado como un veterano endurecido, un hombre que ha sacrificado su identidad y su brújula moral en favor de una eficiencia fría y calculadora. Jay, por su parte, es el recluta que se ve arrastrado a este mundo de sombras. A través de sus ojos, el lector descubre que ser un Hombre de Negro no es un honor heroico, sino una carga que deshumaniza. La relación entre ambos carece de la química de "buddy movie" de las películas; es una relación de mentor y alumno marcada por la desconfianza y la severidad de un entorno donde un error no solo significa la muerte, sino la erradicación de la propia existencia de la memoria colectiva.
Visualmente, el trabajo de Sandy Carruthers en este primer volumen es fundamental para establecer la atmósfera de la obra. El uso del blanco y negro (en su edición original) potencia una estética *noir* que subraya la naturaleza clandestina de los protagonistas. Los diseños de las criaturas y los fenómenos que enfrentan huyen de lo espectacular para abrazar lo grotesco y lo bizarro, reforzando la sensación de que el mundo oculto es un lugar peligroso y caótico que no debería ser visto por ojos civiles.
Uno de los aspectos más potentes de este volumen es su exploración de la ética del control. Los agentes no dudan en utilizar la violencia extrema o el borrado de memoria (el famoso neuralizador, que aquí tiene un matiz mucho más invasivo y traumático) para cumplir sus objetivos. No son necesariamente "los buenos"; son los ejecutores de una paz impuesta. El cómic plantea preguntas incómodas sobre quién decide qué es lo que la sociedad debe saber y hasta qué punto es lícito manipular la percepción de la realidad de miles de millones de personas para evitar el pánico masivo.
En resumen, *The Men In Black – Volumen 1* es una obra de culto que destila la paranoia de finales del siglo XX. Es un relato seco, directo y carente de florituras que presenta un universo donde la verdad no nos hace libres, sino que nos convierte en objetivos de una agencia que prefiere mantenernos en la oscuridad. Para cualquier estudioso del medio o aficionado a la ciencia ficción especulativa, este volumen es una lectura esencial que permite entender el origen de un fenómeno pop desde una perspectiva mucho más cruda, adulta y filosóficamente compleja que la que el cine nos ha acostumbrado a ver. Es, en esencia, el manual de operaciones de una realidad que preferiríamos no conocer.