Simon – El Hombre de los Rios

Simon – El Hombre de los Ríos (originalmente *Simon du Fleuve*), creada por el autor francés Claude Auclair, representa uno de los pilares fundamentales de la historieta de ciencia ficción post-apocalíptica de corte humanista y ecológico. Publicada inicialmente en las páginas de la revista *Tintin* a principios de los años 70, esta obra se distancia de las visiones nihilistas o puramente violentas del género para proponer una reflexión profunda sobre la reconstrucción de la sociedad y la relación del ser humano con su entorno natural.

La premisa nos sitúa en una Tierra devastada tras el colapso de la civilización tecnológica e industrial, un evento conocido en la obra como el "Gran Cataclismo". Sin embargo, a diferencia de otros escenarios post-apocalípticos contemporáneos, el mundo de Simon no es un desierto estéril, sino un entorno donde la naturaleza ha recuperado su vigor, devorando las ruinas de las antiguas metrópolis. En este contexto, la humanidad ha retrocedido a formas de organización social más primitivas, oscilando entre el tribalismo nómada, el feudalismo agrario y pequeños asentamientos que intentan preservar fragmentos del conocimiento antiguo.

El protagonista, Simon, es un jinete solitario, un hombre de pocas palabras pero de principios sólidos que recorre los antiguos territorios de Europa, principalmente siguiendo el curso de los ríos. Simon no es el típico héroe de acción invulnerable; es un superviviente que busca, ante todo, la libertad y la comprensión de este nuevo mundo. Su viaje no tiene un destino geográfico final, sino que funciona como un hilo conductor para explorar las diversas formas en que los supervivientes han decidido reorganizarse. A través de sus ojos, el lector presencia el eterno conflicto entre aquellos que desean vivir en armonía con la tierra y aquellos que, aferrados a las sombras del pasado, intentan reinstaurar regímenes autoritarios basados en la fuerza militar y la tecnología remanente.

Uno de los elementos más distintivos de la serie es la presencia de "La Ciudad" o los centros de poder tecnológico que aún persisten. Estos enclaves representan el autoritarismo y la deshumanización, funcionando como el antagonista ideológico de la vida nómada y sencilla que Simon defiende. La lucha en el cómic no es solo por la supervivencia física, sino por la supervivencia del espíritu humano frente a la tiranía y la repetición de los errores que llevaron al mundo al colapso original.

Visualmente, el trabajo de Claude Auclair es magistral. Su estilo evoluciona desde un realismo detallado y algo rígido en los primeros álbumes hacia un trazo mucho más orgánico, suelto y atmosférico. Auclair destaca especialmente en la representación de los paisajes: los bosques densos, las llanuras interminables y los ríos caudalosos no son simples fondos, sino personajes vivos que dictan el ritmo de la narración. El autor utiliza una paleta de colores y un entintado que refuerzan la sensación de un mundo "usado", donde la belleza de la naturaleza contrasta con la herrumbre de la vieja tecnología.

Temáticamente, el cómic está impregnado de las corrientes filosóficas y sociales de su época, como el pacifismo, el anarquismo constructivo y el ecologismo radical. Simon actúa a menudo como un mediador o un catalizador de cambios, ayudando a comunidades oprimidas a encontrar su propio camino sin imponerles una doctrina externa. La obra evita los maniqueísmos simples; aunque hay villanos claros, el enfoque principal reside en la dificultad de construir una utopía en un mundo que todavía sangra por las heridas del pasado.

En resumen, *Simon – El Hombre de los Ríos* es una epopeya introspectiva que utiliza el escenario del fin del mundo para cuestionar el presente. Es una lectura esencial para entender la evolución del cómic europeo, ofreciendo una visión madura, poética y profundamente política sobre la capacidad de redención de la especie humana y la imperiosa necesidad de reconciliación con el planeta. La obra de Auclair permanece como un testimonio de una ciencia ficción que, más allá de las máquinas y las explosiones, se preocupa por el alma de quienes caminan entre las ruinas.

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