La Batalla

La Batalla, la imponente adaptación al cómic de la novela homónima de Patrick Rambaud (ganadora del Premio Goncourt), es una de las cumbres del género histórico en el noveno arte. Con guion de Frédéric Richaud y un dibujo magistral de Iván Gil, esta obra se aleja de la hagiografía napoleónica para sumergir al lector en el barro, la sangre y el caos de la batalla de Aspern-Essling, ocurrida en mayo de 1809.

La narrativa se sitúa en un momento crítico de las Guerras Napoleónicas. Tras la toma de Viena, Napoleón Bonaparte busca asestar el golpe definitivo al ejército austriaco del archiduque Carlos. Sin embargo, para lograrlo, debe cruzar el caudaloso río Danubio. La trama no se limita a la estrategia de salón; se centra en la logística desesperada, la construcción de puentes precarios bajo tormentas incesantes y la vulnerabilidad de una maquinaria bélica que, hasta ese momento, se consideraba invencible.

El relato utiliza como hilo conductor al coronel Louis-François Lejeune, un oficial de enlace y pintor que actúa como los ojos del lector en el campo de batalla. A través de sus misiones de reconocimiento y sus constantes viajes entre los distintos frentes, la obra ofrece una visión panorámica y, a la vez, asfixiante del conflicto. Junto a él, desfilan figuras históricas de la talla de los mariscales Lannes y Masséna, retratados no como semidioses de bronce, sino como hombres agotados, irritables y conscientes de la carnicería que están presenciando. También aparece un joven Henri Beyle (el futuro Stendhal), cuya perspectiva aporta un contrapunto intelectual y cínico a la brutalidad del frente.

El guion de Richaud destaca por su capacidad para condensar la densidad de la prosa de Rambaud en una narrativa visual fluida. No hay concesiones al romanticismo bélico. La obra se estructura en torno a la tensión creciente: la espera angustiosa, el cruce del río y, finalmente, el choque brutal en las aldeas de Aspern y Essling. El ritmo es implacable, alternando momentos de calma tensa con secuencias de acción donde la escala del desastre es total.

El apartado gráfico de Iván Gil es, sencillamente, prodigioso. Su estilo se caracteriza por un rigor histórico obsesivo en los uniformes, el armamento y la arquitectura de la época. Gil logra lo que pocos dibujantes consiguen: manejar masas ingentes de soldados en viñetas detalladas sin que la composición resulte confusa. Su uso de la perspectiva en las dobles páginas permite comprender la magnitud geográfica del enfrentamiento, mientras que en los planos cortos transmite con crudeza el horror de las heridas de metralla y el agotamiento físico de los combatientes. El color juega un papel fundamental, evolucionando desde los tonos brillantes de los uniformes al inicio de la jornada hasta los grises, marrones y rojos saturados que dominan el clímax de la contienda.

"La Batalla" no es solo un cómic sobre táctica militar; es un estudio sobre la condición humana bajo presión extrema. Explora la futilidad del sacrificio, el peso del ego de los comandantes y la transformación de la guerra en una industria de muerte que empezaba a superar la capacidad de comprensión de sus propios protagonistas. Es una obra desprovista de artificios heroicos innecesarios, que prefiere centrarse en el ruido de los cañones, el olor a pólvora y la fragilidad de los puentes que separan la gloria del desastre absoluto.

En definitiva, este cómic representa una lectura esencial para cualquier interesado en la historia napoleónica o en la narrativa bélica realista. Es un testimonio visual impactante que logra capturar el momento exacto en que el mito de la invencibilidad de Napoleón comenzó a resquebrajarse entre el lodo del Danubio, ofreciendo una experiencia inmersiva que perdura mucho después de cerrar el tomo.

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