Matando a Red Sonja: La deconstrucción del mito desde el daño colateral
Dentro del vasto canon de la Diablesa con la Espada, *Matando a Red Sonja* (Killing Red Sonja) se erige no solo como un complemento de la aclamada etapa de Mark Russell al frente de la serie regular, sino como una pieza de orfebrería narrativa que subvierte los tropos clásicos de la espada y brujería. Escrita por el propio Russell junto a Bryce Ingman, e ilustrada por Craig Rousseau, esta miniserie de cinco números ofrece una perspectiva inusual: la de aquellos que quedan atrás cuando el héroe —o la heroína— termina su gesta.
La premisa se sitúa inmediatamente después de los eventos narrados en los primeros arcos de la serie principal de Red Sonja de Mark Russell. En aquella historia, Sonja, convertida en reina de una Hyrkania asolada por la guerra, logra derrotar al invasor Dragan el Magnífico. Para el lector tradicional, esto supone el final triunfal de una epopeya. Sin embargo, para el joven príncipe Cyril, hijo de Dragan, es el inicio de una tragedia personal y el motor de una obsesión ciega. *Matando a Red Sonja* sigue el viaje de Cyril, un niño que lo ha perdido todo —padre, reino y estatus— y que decide dedicar su existencia a un único propósito: asesinar a la mujer que destruyó su mundo.
Lo que diferencia a este cómic de otras historias de venganza es su enfoque cínico y profundamente humano. Cyril no es el guerrero predestinado ni un antihéroe carismático; es un joven inexperto, impulsado por un dolor que no sabe procesar y por una visión distorsionada de la justicia. Acompañándolo en su periplo se encuentra un personaje que se roba cada página: un cerdo parlante que actúa como su mentor y guía en las artes oscuras. Este animal, que en realidad es un ser humano transformado por un hechizo, aporta el contrapunto satírico y la sabiduría desencantada necesaria para cuestionar la naturaleza de la misión de Cyril.
El guion de Russell e Ingman utiliza la figura de Red Sonja como una fuerza de la naturaleza casi invisible. Ella es el sol alrededor del cual orbita la trama, pero rara vez aparece en pantalla. Esta ausencia refuerza su estatus de leyenda y, al mismo tiempo, permite que el cómic explore las consecuencias del "heroísmo" desde el punto de vista de las víctimas colaterales. La obra plantea una pregunta incómoda para el género: ¿qué sucede con los huérfanos de los villanos que el héroe mata con tanta ligereza?
A nivel visual, el trabajo de Craig Rousseau se aleja del realismo descarnado o del estilo hipersexualizado que a menudo ha definido a Red Sonja. Su trazo, más cercano a la animación y con una expresividad muy marcada, es la elección perfecta para el tono de la obra. El contraste entre el dibujo, aparentemente amable, y la oscuridad de los temas tratados —la pérdida de la inocencia, la futilidad de la guerra y la corrupción del alma a través del odio— crea una tensión narrativa constante. Rousseau logra que el viaje de Cyril por tierras inhóspitas y encuentros con criaturas grotescas se sienta como una fábula oscura, donde la magia no es algo maravilloso, sino un recurso desesperado y peligroso.
*Matando a Red Sonja* es, en esencia, un estudio sobre la obsesión. A medida que Cyril se adentra en su búsqueda, el lector es testigo de cómo el deseo de venganza lo va despojando de su humanidad, convirtiéndolo precisamente en aquello que él odia. El cómic evita los maniqueísmos; no busca que el lector simpatice necesariamente con Cyril, sino que comprenda la lógica interna de su caída. Es una obra que dialoga con la serie principal, expandiendo el mundo de Hyrkania y dotándolo de una profundidad sociopolítica inusual en el género, donde las acciones de los protagonistas tienen un peso real y duradero en el tejido social del mundo que habitan.
En conclusión, esta obra es indispensable para quienes buscan una narrativa de fantasía que desafíe las convenciones. Sin necesidad de recurrir a grandes batallas de Sonja, el cómic logra definir al personaje a través del vacío que deja a su paso. Es una reflexión mordaz sobre el ciclo de la violencia y una de las adiciones más inteligentes y frescas a la mitología de Red Sonja en la última década.