Grafiti

Publicado originalmente en 1985, 'Grafiti', la obra cumbre del autor mallorquín Pere Joan, se erige como uno de los pilares fundamentales del cómic de autor en España y una pieza clave para entender la evolución de la narrativa secuencial europea hacia terrenos más experimentales y poéticos. Enmarcada en la efervescencia de la revista *Cairo* y la denominada "Nueva Escuela Valenciana" (aunque Pere Joan mantuviera siempre una voz periférica y personal), esta obra trasciende las convenciones del género para ofrecer una meditación visual sobre el espacio urbano, la identidad y el rastro efímero del ser humano.

La sinopsis de 'Grafiti' no puede abordarse desde una estructura narrativa tradicional de planteamiento, nudo y desenlace, ya que la obra funciona más como un ensayo visual o un poema gráfico. El cómic nos sitúa en una ciudad abstracta, una metrópolis que es a la vez escenario y protagonista. A través de sus páginas, seguimos los pasos de un personaje que recorre este laberinto de hormigón y asfalto, interactuando con el entorno no mediante el diálogo, sino mediante la acción de marcar las paredes. El acto de pintar un grafiti se convierte aquí en una necesidad existencial: es la forma en que el individuo afirma su presencia en un entorno que tiende a la deshumanización y al vacío.

Desde el punto de vista formal, Pere Joan despliega un dominio magistral de la "línea clara", pero la subvierte para dotarla de una carga intelectual y simbólica inusitada. La arquitectura de la ciudad está dibujada con una precisión geométrica que roza lo metafísico, recordando en ocasiones a las atmósferas de Giorgio de Chirico. Sin embargo, esta rigidez estructural se rompe constantemente con la fluidez de los trazos del grafiti y la expresividad de los personajes. El autor utiliza el espacio de la página de forma revolucionaria, jugando con la composición de las viñetas para guiar al lector a través de una coreografía de silencios y reflexiones visuales.

El tema central de la obra es la comunicación —o la falta de ella—. El grafiti es presentado como un lenguaje críptico, una señal enviada al vacío que espera ser descodificada por otro habitante de la urbe. No se trata de vandalismo, sino de una búsqueda de sentido. Pere Joan explora la soledad del flâneur moderno, aquel que camina por la ciudad observando sus grietas, sus texturas y sus sombras. La narrativa es fragmentada, compuesta por secuencias que funcionan como fogonazos de conciencia, donde el tiempo parece detenerse para que el lector pueda contemplar la belleza de lo cotidiano y lo marginal.

Otro aspecto fundamental de 'Grafiti' es su tratamiento del color y la luz. El autor utiliza una paleta que refuerza la sensación de extrañamiento y modernidad, alejándose del naturalismo para buscar una resonancia emocional. Las sombras no son solo ausencia de luz, sino elementos constructivos que definen el estado de ánimo de la narración. La obra invita a una lectura pausada, casi contemplativa, donde cada detalle del fondo tiene una carga narrativa tan importante como la figura central.

En resumen, 'Grafiti' es un cómic que desafía las etiquetas. No es una historia de aventuras, ni un drama costumbrista; es una exploración sobre la huella que dejamos en el mundo y sobre cómo el arte, incluso en su forma más efímera y perseguida, es una herramienta de resistencia frente a la alienación urbana. Para el lector contemporáneo, esta obra

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