La Venganza del Conde Skarbek, escrita por Yves Sente e ilustrada magistralmente por Grzegorz Rosiński, es una de las obras más sofisticadas y visualmente impactantes del cómic europeo (BD) de principios del siglo XXI. Publicada originalmente en dos volúmenes («Dos manos de oro» y «Un corazón de bronce»), la historia se presenta como un sofisticado ejercicio de narrativa histórica, intriga judicial y un profundo homenaje a la literatura clásica de folletín, con ecos evidentes de la obra de Alejandro Dumas.
La trama se sitúa en el París de 1843, en pleno apogeo del Romanticismo. La capital francesa es el epicentro del arte, la cultura y las intrigas sociales. La historia arranca con la llegada de un personaje enigmático: el conde polaco Mieszko Skarbek. Skarbek es un hombre rico, culto y físicamente marcado por la tragedia, pues le falta una mano y camina con dificultad. Su llegada no es casual; viene acompañado de un secretario y una vasta colección de documentos con un objetivo claro: iniciar un proceso legal contra Daniel Northbrook, el marchante de arte más poderoso y respetado de la ciudad.
El núcleo del conflicto reside en la figura de Louis Paulus, un joven y talentoso pintor que murió años atrás en circunstancias miserables y cuya obra, ahora extremadamente valiosa, es gestionada con mano de hierro por Northbrook. El conde Skarbek afirma poseer pruebas que demuestran que Northbrook no solo explotó a Paulus, sino que su ascenso a la riqueza y el poder está cimentado sobre el fraude, el robo y la traición. A través de un juicio que paraliza a la alta sociedad parisina, la narrativa se despliega mediante una serie de testimonios y analepsis (flashbacks) que reconstruyen la vida del pintor fallecido y las oscuras maniobras del mercado del arte.
Estructuralmente, la obra es un prodigio de ritmo. Yves Sente utiliza el juicio como un marco narrativo que permite al lector viajar al pasado, explorando la bohemia parisina, los bajos fondos y las academias de arte. La historia no solo trata sobre la búsqueda de justicia, sino que profundiza en la naturaleza del genio artístico, la codicia humana y la identidad. Skarbek se presenta como un maestro de ceremonias que manipula los tiempos y las revelaciones, manteniendo una tensión constante sobre quién es él realmente y cuál es el alcance total de su plan.
En el apartado gráfico, Grzegorz Rosiński realiza un trabajo revolucionario. Conocido mundialmente por su estilo de línea clara y detallada en *Thorgal*, en esta obra optó por la técnica del «color directo». Cada viñeta es, en esencia, una pintura al óleo o acrílico sobre lienzo o papel de gran gramaje. Esta elección no es meramente estética; el hecho de que el cómic trate sobre la pintura y los pintores hace que el estilo pictórico de Rosiński sea el vehículo perfecto para la historia. La textura de las pinceladas, el uso dramático de la luz y la paleta de colores —que transita de los tonos cálidos de los salones parisinos a los grises y azules de la miseria y el mar— sumergen al lector en la atmósfera del siglo XIX de una manera casi táctil.
La obra también funciona como una crítica mordaz al mercado del arte, donde el valor de una pieza a menudo depende más de la narrativa y el escándalo que del talento intrínseco del autor. A medida que el juicio avanza, las máscaras de la respetabilidad caen, revelando un entramado de chantajes, prostitución y crímenes que conectan los salones de la aristocracia con los rincones más sórdidos de la ciudad.
En conclusión, *La Venganza del Conde Skarbek* es mucho más que un relato de venganza al uso. Es una pieza de orfebrería narrativa que combina la precisión histórica con la emoción del drama romántico. Sin recurrir a artificios innecesarios, Sente y Rosiński logran una obra redonda que satisface tanto al amante del género histórico como al entusiasta del arte secuencial, consolidándose como un título imprescindible para entender la evolución del cómic adulto contemporáneo.