'Tiempo Cero', la obra de Rayco Pulido (Premio Nacional del Cómic por *Lamia*), se erige como una de las piezas más crudas y magnéticas del panorama de la novela gráfica española contemporánea. Publicada originalmente por Ediciones de Ponent, esta obra no es solo un ejercicio de género negro, sino una disección psicológica y social de la parálisis existencial, ambientada en una geografía que el autor conoce a la perfección: las sombras que proyecta el sol de Canarias.
La trama se articula en torno a la figura de Eloy, un hombre que regresa a su ciudad natal tras una ausencia prolongada. Este retorno no está motivado por la nostalgia ni por el deseo de redención, sino por una inercia casi fatalista. Eloy es un personaje que parece habitar en un limbo emocional, un estado de suspensión que justifica el título de la obra. Su llegada coincide con un clima de tensión latente en la comunidad, marcado por la desaparición de una joven, un suceso que actúa como el motor externo de una maquinaria narrativa mucho más íntima y turbia.
Desde el punto de vista del guion, Pulido evita los tropos más manidos del *noir* detectivesco para centrarse en el "noir de personajes". No estamos ante una investigación policial procedimental, sino ante una exploración de cómo el entorno moldea la moralidad de los individuos. La desaparición de la chica es el catalizador que obliga a los personajes a interactuar, revelando las costuras de una sociedad estancada, donde la corrupción no es solo política o económica, sino espiritual. El autor maneja los tiempos con una precisión quirúrgica, alternando silencios prolongados con diálogos secos y cortantes que subrayan la incomunicación de los protagonistas.
El escenario, una versión desmitificada y áspera de Las Palmas de Gran Canaria, se convierte en un personaje más. Pulido huye de la estética turística para retratar una urbe de hormigón, salitre y callejones asfixiantes. La ciudad en 'Tiempo Cero' es un laberinto del que parece imposible escapar, un lugar donde el tiempo no avanza, sino que se acumula como el polvo. Esta sensación de claustrofobia a cielo abierto es uno de los mayores logros atmosféricos del cómic.
En el apartado visual, Rayco Pulido despliega un estilo gráfico que bebe de la tradición del claroscuro, pero con una personalidad propia y moderna. El uso del blanco y negro es absoluto y radical. No hay grises de cortesía; hay manchas de tinta densas que devoran las figuras y espacios en blanco que deslumbran como el sol del mediodía. Este contraste no es meramente estético, sino narrativo: refleja la dualidad de los personajes y la imposibilidad de encontrar matices en un mundo que los ha endurecido hasta el extremo. El trazo es grueso, expresivo y, en ocasiones, deliberadamente feísta, lo que refuerza la sensación de realismo sucio que impregna cada página.
La composición de las viñetas es otro punto fuerte. Pulido utiliza encuadres que a menudo aíslan a los personajes, reforzando su soledad incluso cuando están acompañados. El ritmo narrativo es pausado, permitiendo que el lector absorba la pesadez del ambiente, pero se acelera de forma violenta en los momentos de confrontación, demostrando un dominio magistral del lenguaje secuencial.
Temáticamente, 'Tiempo Cero' profundiza en la culpa y la memoria. Eloy carga con un pasado que no se explica de forma explícita mediante *flashbacks* convencionales, sino que se intuye en sus gestos, en sus reticencias y en la forma en que los demás lo miran. La obra plantea una pregunta incómoda: ¿es posible empezar de cero cuando el entorno se empeña en recordarte quién fuiste?
En conclusión, 'Tiempo Cero' es una obra densa, exigente y profundamente gratificante para el lector que busca algo más que entretenimiento. Es un cómic que se siente, se huele y se padece. Rayco Pulido logra capturar la esencia de la derrota sin caer en el sentimentalismo, entregando una novela gráfica que se mantiene vigente como un referente del realismo oscuro en la historieta europea. Es, en definitiva, el retrato de un momento de ruptura donde el pasado y el presente colisionan, dejando solo los escombros de lo que alguna vez fue una vida.