*Justin Hiriart* es una de las obras más emblemáticas y rigurosas del cómic histórico europeo de factura española, concretamente surgida de la efervescente escena del cómic vasco de los años 80. Escrita por Gregorio Muro (bajo el seudónimo de Harriet) y dibujada con una precisión quirúrgica por Francisco Fructuoso, esta serie se erige como una crónica marítima que combina la aventura clásica con una documentación histórica exhaustiva sobre la industria ballenera vasca del siglo XVII.
La narrativa se sitúa cronológicamente a principios de 1600, una época en la que los marinos vascos eran considerados los mejores arponeros y navegantes del mundo, dominando las rutas hacia las gélidas aguas del Atlántico Norte. El protagonista que da nombre a la obra, Justin Hiriart, es un joven oficial que encarna los valores de la época: tenacidad, honor y una capacidad de resistencia sobrehumana frente a los elementos. A través de sus ojos, el lector se embarca en una epopeya que trasciende la simple caza de cetáceos para adentrarse en las complejas dinámicas sociales, económicas y políticas de la Edad Moderna.
El eje central de la trama gira en torno a las expediciones hacia Terranova (Tierra de Nueva) y las costas de Islandia. No se trata de un viaje idílico; Harriet describe con crudeza la dureza de la vida a bordo de los galeones, la jerarquía inamovible de la tripulación y el peligro constante de un océano implacable. La serie destaca por no evitar los aspectos más sórdidos o violentos de la profesión, desde el descuartizamiento de las ballenas en condiciones extremas hasta los enfrentamientos armados con otras potencias marítimas.
Uno de los puntos fuertes de *Justin Hiriart* es su trasfondo geopolítico. La obra refleja con maestría la rivalidad entre las naciones europeas por el control de los recursos marítimos. Los protagonistas no solo deben luchar contra el clima y las bestias marinas, sino también contra la hostilidad de ingleses, holandeses y daneses, quienes veían con recelo la hegemonía vasca en los caladeros del norte. Este conflicto de intereses sirve para elevar la tensión narrativa, transformando lo que podría ser un documental gráfico en un thriller de supervivencia y estrategia naval.
En el apartado visual, el trabajo de Francisco Fructuoso es, sencillamente, magistral. Su estilo se encuadra en un realismo detallista que huye de la caricatura. La documentación gráfica es apabullante: desde la arquitectura naval de los galeones y las chalupas balleneras hasta la indumentaria, las herramientas de caza y los asentamientos costeros. Fructuoso logra transmitir la atmósfera opresiva de las tormentas en alta mar y la desolación de los paisajes árticos mediante un uso del sombreado y la composición de página que dota a la obra de una pátina de veracidad histórica pocas veces igualada en el medio.
La estructura de la serie, dividida originalmente en varios álbumes (como *La expedición perdida* o *El tesoro de los holandeses*), permite un desarrollo de personajes orgánico. Justin Hiriart evoluciona de ser un marino impetuoso a un líder curtido por la tragedia y la responsabilidad. Los personajes secundarios, lejos de ser meros arquetipos, aportan matices sobre la fe, la codicia y la camaradería, elementos esenciales para entender la mentalidad de los hombres que se jugaban la vida en el "mar de las ballenas".
En conclusión, *Justin Hiriart* es mucho más que un cómic de aventuras; es un ejercicio de memoria histórica que rescata una de las odiseas más fascinantes de la navegación peninsular. Su lectura es imprescindible para cualquier amante del género histórico que busque una obra seria, visualmente impactante y narrativamente sólida, capaz de transportar al lector a una época donde el límite del mundo conocido se dibujaba con la sangre de los arponeros y el salitre del Atlántico.