Monika, la obra escrita por Thilde Barboni e ilustrada magistralmente por Guillem March, es un thriller psicológico de corte erótico que se aleja de los convencionalismos del género para adentrarse en una narrativa de identidades fragmentadas y obsesiones profundas. Publicada originalmente en dos volúmenes (*Les bals de Monika* y *Vanilla Dolls*), la historia nos presenta un relato sofisticado donde el arte, la política y el deseo se entrelazan en una trama de búsqueda personal y peligro inminente.
La protagonista, Monika, es una artista visual con una vida aparentemente estable pero marcada por un vacío existencial y una herida abierta: la desaparición de su hermana, Erika, ocurrida años atrás en circunstancias nunca esclarecidas. Esta ausencia no es solo un motor narrativo, sino el eje sobre el cual pivota la psique de la protagonista. Monika no busca solo a una persona; busca una parte de sí misma que parece haberse desvanecido con su hermana. Esta premisa lanza a la protagonista a una espiral de transformación constante, donde el disfraz y la interpretación se convierten en sus herramientas principales para infiltrarse en los estratos más herméticos de la sociedad.
La trama se complica cuando Monika decide utilizar su talento para el camuflaje y la seducción con el fin de acercarse a figuras de poder que podrían tener información sobre el paradero de Erika. En este camino, se cruza con Theo, un brillante hacker con sus propios secretos, y se ve atraída hacia un mundo de fiestas exclusivas y sociedades secretas donde las "Vanilla Dolls" —un concepto que mezcla la estética de las muñecas con el voyerismo de alta alcurnia— juegan un papel fundamental. La narrativa de Barboni destaca por no ser lineal en sus intenciones emocionales; el lector acompaña a Monika en un viaje donde la línea entre la investigadora y la mujer que se pierde en sus propios juegos de rol se vuelve peligrosamente delgada.
Desde el punto de vista visual, el trabajo de Guillem March es, sencillamente, el alma de la obra. Conocido por su paso por las grandes editoriales estadounidenses, March despliega en *Monika* una libertad creativa que le permite explorar la anatomía humana con una sensualidad elegante y una expresividad psicológica abrumadora. No se trata de un dibujo meramente estético; cada gesto, cada mirada y cada cambio de vestuario de la protagonista comunica su estado mental. El artista logra capturar la dualidad de Monika: su vulnerabilidad interna frente a la máscara de confianza que proyecta en sus incursiones nocturnas. El uso del color y la iluminación refuerza la atmósfera de "noir moderno", alternando entre la frialdad de la tecnología y la calidez turbia de los clubes privados.
El cómic también aborda temas contemporáneos como la vigilancia masiva, la manipulación de la imagen pública y la ética en la era digital, pero siempre bajo el prisma de la experiencia individual de Monika. La búsqueda de Erika se convierte en un pretexto para explorar la naturaleza del deseo y cómo este puede ser utilizado como arma o como refugio. La obra evita los tropos fáciles del thriller de acción para centrarse en la tensión atmosférica y en el desarrollo de personajes que se sienten tridimensionales, falibles y, a menudo, moralmente ambiguos.
En conclusión, *Monika* es una pieza clave del cómic europeo contemporáneo que combina la intriga política con un drama íntimo de gran calado. Es una historia sobre máscaras, tanto literales como metafóricas, y sobre el precio que una persona está dispuesta a pagar por descubrir una verdad que podría terminar por destruirla. La colaboración entre Barboni y March resulta en una obra visualmente hipnótica y narrativamente densa, que invita al lector a cuestionar qué hay realmente detrás de la fachada que presentamos al mundo y hasta dónde llega nuestra propia identidad cuando decidimos convertirnos en otra persona.