Gorka

*Gorka* es una de las obras más emblemáticas y singulares del cómic español de la década de los noventa. Creada por el guionista Carlos Portela y el dibujante Sergi San Julián, esta serie nació en 1992 bajo el sello de Camaleón Ediciones, en un momento de efervescencia para el cómic independiente en España. Lo que comenzó como una propuesta que parecía rendir tributo a los tropos clásicos de la espada y brujería, pronto evolucionó hacia una narrativa compleja, cargada de matices políticos, humor ácido y una profundidad de personajes inusual para el género en aquel entonces.

La historia se sitúa en un mundo de fantasía medieval conocido simplemente como El Reino. El protagonista, Gorka, es un guerrero de baja estatura, complexión robusta y un carácter marcadamente cínico. A diferencia de los héroes hipertrofiados y nobles de la tradición de Robert E. Howard, Gorka es un mercenario pragmático, a menudo malhumorado, que sobrevive en un entorno hostil no solo gracias a su destreza con la espada, sino también a su instinto de supervivencia. No es un elegido por el destino ni un rey en el exilio; es un individuo que intenta navegar las turbulentas aguas de un mundo que se desmorona.

La estructura narrativa de *Gorka* es uno de sus puntos más fuertes. La serie se divide en varias etapas que muestran una evolución clara. En sus inicios, las historias tienen un tono más episódico y ligero, con un fuerte componente de parodia hacia los clichés de la fantasía heroica. Sin embargo, a medida que Portela desarrolla la trama, el trasfondo político del Reino cobra protagonismo. La obra se transforma en una crónica de intrigas palaciegas, guerras civiles y conflictos religiosos. El humor, aunque nunca desaparece del todo, se vuelve más negro y sirve para subrayar la crudeza de las situaciones que enfrentan los personajes.

El elenco de secundarios es fundamental para dar cuerpo a este universo. Personajes como el mago Filstrup aportan un contrapunto necesario a la figura de Gorka, permitiendo que la trama explore diferentes facetas de la magia y la erudición en un mundo donde el conocimiento suele ser una carga más que un privilegio. La relación entre los personajes está construida sobre diálogos ágiles y una química que evita los sentimentalismos fáciles, manteniendo siempre una tensión coherente con el tono de la obra.

En el apartado visual, el trabajo de Sergi San Julián es sencillamente magistral y evoluciona a la par que el guion. En los primeros números, se percibe una influencia del estilo caricaturesco y dinámico, pero rápidamente el dibujo gana en detalle, atmósfera y realismo. San Julián logra dotar al Reino de una identidad visual propia, alejándose de los castillos de cartón piedra para ofrecer escenarios que se sienten vividos, sucios y tangibles. Su dominio de la narrativa visual, el uso de las sombras y la expresividad de los rostros —especialmente la del propio Gorka— permiten que la historia fluya con un ritmo cinematográfico, destacando tanto en las secuencias de acción coreografiadas como en los momentos de calma cargados de tensión dialéctica.

*Gorka* no es solo un cómic de aventuras; es una reflexión sobre el poder, la corrupción y la pérdida de la inocencia. A través de los ojos de su protagonista, el lector asiste al ocaso de una era. La serie destaca por su capacidad para equilibrar la épica con lo cotidiano, logrando que los conflictos de un mundo fantástico resulten sorprendentemente cercanos y humanos. Es una obra imprescindible para entender la madurez del cómic español de género, consolidándose como un referente que supo trascender sus influencias iniciales para construir un legado propio, sólido y profundamente original. Su importancia radica en haber demostrado que la fantasía heroica podía ser el vehículo perfecto para una narrativa adulta, inteligente y técnicamente impecable.

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