Sara

Sara, la obra escrita por Garth Ennis e ilustrada por Steve Epting, con colores de Elizabeth Breitweiser, se erige como uno de los relatos bélicos más crudos, precisos y emocionalmente devastadores de la narrativa gráfica contemporánea. Publicada originalmente por TKO Studios, esta miniserie de seis números nos traslada al gélido y despiadado Frente Oriental durante la Segunda Guerra Mundial, específicamente entre finales de 1942 y principios de 1943, en pleno asedio nazi a la Unión Soviética.

La trama se centra en un grupo de francotiradoras del Ejército Rojo, mujeres jóvenes que han sido arrancadas de sus vidas civiles para convertirse en herramientas de precisión letal. La protagonista, que da nombre al cómic, es Sara, una mujer de una determinación gélida y una habilidad sin parangón con el fusil de cerrojo. A diferencia de otros relatos heroicos o propagandísticos, Ennis huye de la glorificación vacía para sumergir al lector en la realidad táctica y psicológica de la guerra de guerrillas en los bosques nevados.

El contexto histórico es fundamental: la invasión alemana ha penetrado profundamente en territorio soviético y la resistencia se vuelve desesperada. En este escenario, las unidades de francotiradoras no son solo una necesidad militar, sino también un potente símbolo de la resistencia total de la "Madre Patria". Sin embargo, la historia no se queda en la superficie del conflicto entre naciones. El guion explora la dualidad de estas mujeres: por un lado, son heroínas para su pueblo; por otro, son piezas prescindibles en el tablero de ajedrez de Stalin, vigiladas de cerca por los comisarios políticos del NKVD, quienes desconfían de cualquier atisbo de individualismo o pensamiento crítico.

Sara, como personaje, es el eje sobre el que pivota la deshumanización necesaria para sobrevivir. Es una experta en el arte del camuflaje, la paciencia y el disparo a larga distancia, pero esa misma pericia la ha distanciado de sus compañeras y de su propia humanidad. El cómic detalla con minuciosidad técnica el trabajo del francotirador: el cálculo del viento, la respiración, la espera agónica durante horas bajo temperaturas bajo cero y el impacto psicológico de ver al enemigo no como un monstruo abstracto, sino como un hombre a través de la mira telescópica antes de apretar el gatillo.

El apartado visual de Steve Epting es fundamental para la inmersión. Su estilo realista y detallado captura la textura del uniforme, el metal frío de las armas y, sobre todo, la desolación del paisaje ruso. La nieve no es solo un fondo decorativo; es un personaje más, un elemento hostil que oculta tanto a la presa como al cazador. La paleta de colores de Elizabeth Breitweiser refuerza esta atmósfera, utilizando tonos apagados, grises y azules gélidos que solo se ven interrumpidos por el rojo de la sangre o el destello de las explosiones, acentuando la sensación de aislamiento y peligro constante.

A medida que la narrativa avanza, el grupo de francotiradoras se enfrenta a una amenaza creciente. Los alemanes, conscientes de la eficacia de estas unidades, despliegan sus propios especialistas para darles caza. Esto convierte el cómic en un juego del gato y el ratón de una tensión insoportable. No obstante, el verdadero conflicto que plantea Ennis es interno y sistémico. Sara debe luchar no solo contra los invasores, sino contra la sospecha de que el sistema por el que está matando y muriendo es tan implacable y desalmado como el enemigo que tiene enfrente.

La obra evita los tropos habituales del género bélico de acción desenfrenada. Aquí, el silencio es la nota dominante. Es un cómic de miradas, de susurros en la oscuridad y de la soledad absoluta que conlleva ser un verdugo en nombre del Estado. La traducción y edición de figuras como Floyd Wayne y W D permiten que el lector hispanohablante acceda a los matices de los diálogos, que son parcos pero cargados de subtexto sobre la lealtad, el miedo y la pérdida de la inocencia.

En definitiva, Sara es una exploración profunda sobre el coste del deber. No busca ofrecer respuestas fáciles ni finales reconfortantes. Es un retrato honesto de un grupo de mujeres que, en el momento más oscuro de la historia moderna, se convirtieron en el último baluarte de una nación que apenas las reconocía como iguales, pero que dependía enteramente de su puntería para no desaparecer bajo el avance del fascismo. Una lectura esencial para entender la guerra desde la trinchera más solitaria y fría.

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