Rio, la monumental obra escrita por Louise Garcia y dibujada por Corentin Rouge, se erige como un fresco social implacable y una de las aproximaciones más lúcidas y descarnadas que el noveno arte ha realizado sobre la realidad brasileña. Publicada originalmente por Glénat, esta saga se aleja de la iconografía turística de la "Cidade Maravilhosa" para sumergir al lector en las entrañas de un ecosistema donde la supervivencia es el único motor cotidiano y la moralidad es un lujo que pocos pueden permitirse.
La narrativa se articula en torno a la figura de Rubeus, un joven cuya vida queda marcada desde la infancia por una tragedia fundacional: el asesinato de su madre a manos de un policía corrupto. Este evento no solo actúa como el catalizador de la trama, sino que define la trayectoria de un protagonista que se ve obligado a navegar por los estratos más bajos de la pirámide social de Río de Janeiro. Junto a su hermana Nina, Rubeus transita por un desierto de asfalto y favelas, donde la orfandad es el estado natural y la calle es la única escuela disponible.
A lo largo de los cuatro volúmenes que componen la obra (reunidos a menudo en integrales), Garcia y Rouge construyen un relato de formación invertido. No asistimos al ascenso de un héroe, sino a la forja de un superviviente en un entorno de hostilidad sistémica. La trama disecciona con precisión quirúrgica las dinámicas de poder que rigen la ciudad: desde las bandas de niños de la calle que malviven en las playas de Copacabana, hasta las complejas estructuras de las milicias y el narcotráfico que controlan los cerros.
Uno de los mayores aciertos de Rio es su capacidad para evitar el maniqueísmo. Louise Garcia, que posee un conocimiento profundo de la realidad social de Brasil, huye de los tropos del "poverty porn" para ofrecer una visión poliédrica. En este cómic, la corrupción no es un rasgo individual, sino un fluido que lo empapa todo: la política, la religión evangélica en auge, las fuerzas del orden y las instituciones benéficas. Cada personaje, por secundario que sea, está dotado de una motivación tangible, lo que convierte a la obra en un drama coral de una densidad literaria notable.
En el apartado visual, Corentin Rouge realiza un trabajo magistral que lo consagra como uno de los grandes herederos de la tradición del realismo franco-belga. Su dibujo es detallado, vibrante y dotado de un dinamismo cinematográfico. Rouge logra capturar la atmósfera sofocante del trópico, el caos arquitectónico de las favelas y la belleza decadente de los barrios coloniales. El uso del color es fundamental: las luces saturadas y las sombras profundas no solo ambientan la acción, sino que subrayan la violencia latente que impregna cada viñeta. La expresividad de los rostros, especialmente la mirada endurecida de Rubeus a medida que crece, transmite una carga emocional que a menudo prescinde de los diálogos.
La obra también explora el contraste abismal entre las dos realidades de la ciudad. El guion nos lleva de los áticos de lujo de la élite carioca a los callejones de barro y chapa, evidenciando que, aunque geográficamente cercanos, estos mundos están separados por muros invisibles pero infranqueables. La religión aparece como un elemento de control y esperanza a partes iguales, reflejando cómo las iglesias ocupan el vacío dejado por un Estado ausente o represor.
Rio es, en definitiva, una tragedia moderna sobre la pérdida de la inocencia y la búsqueda de identidad en un mundo que niega la individualidad a los desposeídos. Es un cómic que exige la atención del lector, golpeando con una narrativa seca y directa, pero que a la vez ofrece una belleza visual deslumbrante. Sin recurrir a artificios ni a soluciones fáciles, Garcia y Rouge han creado un testimonio gráfico esencial sobre la desigualdad, la venganza y la resiliencia humana en una de las ciudades más complejas y fascinantes del planeta. Es una lectura obligatoria para quienes buscan en el cómic una ventana honesta y sin concesiones a la realidad social contemporánea.