The Roberts

*The Roberts*, escrita por Wayne Chinsang e ilustrada por Erik Rose, es una de esas joyas ocultas del catálogo de Image Comics (específicamente bajo el sello Shadowline) que subvierte las expectativas del género criminal y el suspenso para ofrecer un estudio de personajes crudo, íntimo y profundamente psicológico. Publicada originalmente como una miniserie, la obra se aleja de los tropos habituales de persecuciones frenéticas y acción explosiva para situar su campo de batalla en un escenario inusual y claustrofóbico: una residencia de ancianos.

La premisa de la obra es tan sencilla como inquietante. Los protagonistas son dos hombres de avanzada edad, ambos llamados Robert, que comparten sus días en el ocaso de sus vidas entre paredes blancas, rutinas médicas y el silencio sepulcral de la senectud. Sin embargo, tras la apariencia de fragilidad y abandono, se esconde un duelo intelectual y moral que ha durado décadas. Uno de los Robert afirma ser un prolífico asesino en serie que nunca fue capturado, un hombre que cometió crímenes atroces y logró eludir la justicia hasta que el tiempo, y no la ley, lo confinó a una silla de ruedas. El otro Robert asegura ser el detective que dedicó toda su carrera profesional a darle caza, fracasando sistemáticamente y cargando con el peso de su obsesión hasta el retiro.

El núcleo narrativo de *The Roberts* no reside en descubrir si los crímenes ocurrieron —el lector asume la veracidad de sus pasados a través de sus relatos—, sino en la dinámica de poder que se establece entre ambos en el presente. Chinsang construye un guion basado casi exclusivamente en el diálogo, transformando las conversaciones cotidianas en interrogatorios velados y confesiones cargadas de veneno. Es una partida de ajedrez verbal donde el tablero es la memoria y las piezas son los remordimientos. La tensión emana de la ambigüedad: ¿están estos hombres diciendo la verdad o son simplemente dos ancianos desesperados por sentirse relevantes en un mundo que ya los ha olvidado? La posibilidad de que todo sea un delirio compartido o una construcción ficticia para dotar de significado a sus vidas vacías añade una capa de complejidad fascinante.

Visualmente, el trabajo de Erik Rose es fundamental para establecer la atmósfera de la obra. Con un estilo en blanco y negro marcadamente expresionista, Rose utiliza sombras densas y un trazo sucio que enfatiza la decadencia física de los personajes. Los rostros de los dos Roberts son mapas de arrugas y manchas de la edad, capturando una vulnerabilidad que contrasta violentamente con la oscuridad de los temas que tratan. El arte no intenta embellecer la vejez; al contrario, la presenta con una honestidad brutal que refuerza la sensación de encierro. El uso de los espacios cerrados y los encuadres cerrados sobre las expresiones faciales genera una sensación de asfixia que traslada al lector la monotonía y el aislamiento del entorno geriátrico.

Temáticamente, el cómic explora la identidad y la pérdida de la misma. *The Roberts* reflexiona sobre cómo el pasado define quiénes somos, incluso cuando el cuerpo ya no responde a la voluntad. Para el asesino, sus crímenes son su único legado; para el detective, su fracaso es su única credencial. La obra plantea preguntas incómodas sobre la redención, la justicia poética y la crueldad del tiempo, que iguala a culpables e inocentes en la decrepitud biológica. No hay héroes ni villanos claros en este relato, solo dos hombres rotos que se necesitan mutuamente para confirmar que sus vidas, por terribles que fueran, realmente sucedieron.

En conclusión, *The Roberts* es una lectura esencial para quienes buscan un cómic adulto que priorice la profundidad narrativa y el desarrollo de personajes sobre el espectáculo visual. Es una obra minimalista en su ejecución pero maximalista en su impacto emocional, que logra convertir un asilo de ancianos en el escenario de un thriller psicológico de primer nivel. Sin recurrir a giros de guion efectistas, Chinsang y Rose entregan una historia sobre la memoria, el odio y la búsqueda de validación en el último suspiro de la existencia.

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