Planeta de los Muertos Vivientes es una de las obras cumbres del cómic de ciencia ficción y terror español, nacida de la colaboración entre dos titanes del medio: el guionista Víctor Mora y el dibujante José Ortiz. Publicada originalmente de forma serializada en la mítica revista *Dossier Negro* a finales de la década de los 70, esta obra representa el cenit de una era donde el cómic para adultos en España exploraba fronteras narrativas y visuales mucho más oscuras y pesimistas que las de décadas anteriores.
La premisa nos sitúa en un futuro indeterminado donde la humanidad, impulsada por la necesidad de expansión o la simple curiosidad científica, envía expediciones a los rincones más remotos del cosmos. La historia sigue a la tripulación de una nave espacial que, tras un largo viaje, aterriza en un planeta que, a primera vista, parece poseer las condiciones ideales para la vida. Sin embargo, lo que comienza como una misión de exploración rutinaria pronto se transforma en una pesadilla existencial. El planeta no es un mundo joven y vibrante, sino un gigantesco mausoleo cósmico, un lugar donde las leyes de la vida y la muerte parecen haberse distorsionado de manera irreversible.
Narrativamente, Víctor Mora se aleja de la épica heroica que lo hizo famoso en *El Capitán Trueno* para abrazar un tono nihilista y opresivo. El guion no se centra únicamente en el horror físico de enfrentarse a entidades no muertas, sino en el terror psicológico de la soledad espacial y la insignificancia del ser humano frente a los misterios insondables del universo. Los personajes, atrapados en un entorno hostil que no comprenden, ven cómo su tecnología y su lógica científica resultan inútiles ante la naturaleza atávica y macabra del planeta.
El apartado visual de José Ortiz es, sin lugar a dudas, el elemento que eleva este cómic a la categoría de obra maestra. Ortiz, maestro absoluto del blanco y negro, utiliza un estilo cargado de claroscuros, tramas manuales y un nivel de detalle asfixiante. Su capacidad para recrear texturas —desde el metal frío y funcional de la nave espacial hasta la carne putrefacta y los paisajes desolados del planeta— crea una atmósfera de una densidad casi tangible. Los "muertos vivientes" de Ortiz no son los zombis genéricos del cine contemporáneo; son figuras espectrales, restos biológicos de civilizaciones olvidadas que evocan una sensación de tristeza y horror gótico en un entorno de alta tecnología.
La estructura de la obra es episódica pero mantiene una cohesión temática inquebrantable. Cada capítulo profundiza en la desesperación de los supervivientes y en el descubrimiento de las diversas capas de horror que componen el ecosistema del planeta. No hay concesiones al lector; el ritmo es pausado pero implacable, construyendo una tensión que se apoya más en la ambientación y en lo sugerido que en la acción gratuita.
Desde un punto de vista técnico, el cómic destaca por su composición de página. Ortiz rompe a menudo la rigidez de la cuadrícula tradicional para enfatizar la desorientación de los protagonistas. El uso de las sombras no solo sirve para ocultar amenazas, sino para definir la psicología de los personajes, cuyos rostros a menudo aparecen parcialmente sumergidos en la oscuridad, reflejando su pérdida de esperanza.
En resumen, *Planeta de los Muertos Vivientes* es un ejercicio magistral de "fantaterror" espacial. Es una obra que captura perfectamente la ansiedad de una época y que demuestra la madurez que alcanzó el cómic español en su transición hacia el público adulto. Para el estudioso del medio, es una pieza esencial para entender la evolución del estilo de José Ortiz y la versatilidad de Víctor Mora, ofreciendo una visión del horror cósmico que sigue resultando visualmente impactante y narrativamente inquietante décadas después de su publicación original. Es, en esencia, un viaje sin retorno hacia la oscuridad más profunda del espacio y del alma humana.