Publicado originalmente en el año 2002 por la editorial CrossGen Comics, *Route 666* se desmarca de las narrativas tradicionales de superhéroes para sumergirse de lleno en el horror sobrenatural y el suspense psicológico. Escrita por Tony Bedard y visualmente definida por el arte de Karl Moline, esta obra se sitúa dentro del universo compartido de CrossGen (el Sigilverse), pero mantiene una identidad propia tan marcada que funciona perfectamente como una pieza independiente de terror gótico americano.
La historia se desarrolla en un mundo que, a primera vista, parece una réplica exacta de los Estados Unidos de la década de 1950. Es una era de prosperidad superficial, estética retro y una paranoia asfixiante derivada de una versión ficticia de la Guerra Fría. Sin embargo, este planeta, conocido como Gisborne, oculta una realidad mucho más atroz bajo su barniz de perfección suburbana. La protagonista es Corinne «Coco» Stark, una joven cuya vida se desmorona cuando presencia un evento traumático: el asesinato de su padre a manos de lo que parece ser un agente del gobierno.
A partir de ese momento, la percepción de la realidad de Coco se fractura. Tras el incidente, adquiere la capacidad involuntaria de ver lo que otros no pueden: el mundo está infestado de entidades monstruosas y espectrales que se alimentan del sufrimiento humano. Estos seres, que parecen estar integrados en las altas esferas del poder y en las instituciones de seguridad del Estado, no son simples alucinaciones. Para Coco, la pesadilla es doble: por un lado, es perseguida por el Buró de Seguridad Estatal (BSS), que la etiqueta como una insurgente y una enferma mental; por otro, es acechada por fuerzas de naturaleza demoníaca que la ven como una amenaza para el orden establecido entre los vivos y los muertos.
El núcleo narrativo de *Route 666* es una «road movie» de pesadilla. Coco se ve obligada a emprender una huida desesperada a través del país, recorriendo carreteras secundarias y pueblos olvidados que esconden sus propios horrores. En este viaje, la protagonista no solo lucha por su supervivencia física, sino por mantener su cordura mientras intenta comprender el origen de su nuevo don y la verdadera naturaleza de los «devoradores de almas» que gobiernan Gisborne desde las sombras.
Uno de los puntos más fuertes del cómic es su manejo de la atmósfera. Tony Bedard utiliza el miedo al comunismo y la histeria colectiva de los años 50 como una metáfora de la invasión sobrenatural. La desconfianza hacia el vecino, el control gubernamental y la censura se entrelazan con el horror visceral. Karl Moline, por su parte, logra un contraste visual impactante: su dibujo captura la elegancia de la moda y la arquitectura de mediados de siglo, solo para romperla con diseños de criaturas grotescas y escenas de una violencia cruda y perturbadora.
A diferencia de otros títulos de CrossGen que se centraban en la fantasía épica o la ciencia ficción, *Route 666* apuesta por un tono sombrío y desesperanzador. Coco Stark no es una heroína poderosa en el sentido convencional; es una fugitiva vulnerable cuya única arma es una verdad que nadie más quiere aceptar. La serie explora temas como la pérdida de la inocencia, la corrupción del poder y la fragilidad de la percepción humana, todo ello bajo el marco de una persecución implacable.
En resumen, *Route 666* es un ejercicio de género que combina con maestría el terror psicológico con la crítica social de la era de la posguerra. Es una obra que utiliza lo sobrenatural para exponer las grietas de una sociedad obsesionada con el orden y la conformidad, convirtiendo el viaje por carretera en un descenso literal y figurado hacia los rincones más oscuros de la psique y del mundo.