*Nameless*, escrita por Grant Morrison y dibujada por Chris Burnham, representa una de las incursiones más perturbadoras, densas y ambiciosas en el género del terror cósmico y la ciencia ficción dentro del cómic contemporáneo. Publicada originalmente por Image Comics, esta obra se aleja de las estructuras narrativas convencionales para sumergir al lector en una pesadilla nihilista donde la magia, la astronomía y el horror visceral convergen de manera implacable.
La premisa inicial parece extraerse de un thriller de ciencia ficción de alto presupuesto: un asteroide masivo, bautizado como Xibalba (el inframundo de la mitología maya), se encuentra en curso de colisión directa con la Tierra. Sin embargo, este no es un cuerpo celeste ordinario. El asteroide está marcado con un inmenso símbolo mágico tallado en su superficie, un sigilo que sugiere que la roca no es solo una amenaza física, sino una prisión o un conducto para una entidad de maldad absoluta y prehumana.
El protagonista, conocido únicamente como "Nameless", es un experto en lo oculto, un "solucionador" de problemas metafísicos con un pasado fragmentado y moralmente ambiguo. Nameless es reclutado por un consorcio de multimillonarios futuristas que han establecido una base en la cara oculta de la Luna. Su misión es unirse a un equipo de especialistas —que incluye científicos y astronautas— para viajar al asteroide, descifrar su naturaleza simbólica y neutralizar la amenaza antes de que el impacto extermine a la humanidad.
A partir de este punto, Morrison desmantela la linealidad de la historia. Lo que comienza como una misión de rescate espacial se transforma rápidamente en un descenso a la locura. La narrativa utiliza el concepto del "antiverso" y la magia del caos para sugerir que la realidad que percibimos es apenas una membrana delgada que oculta un universo de agonía infinita. Nameless, como personaje, funciona como nuestro guía cínico a través de este laberinto, aunque su propia fiabilidad como narrador se ve cuestionada constantemente a medida que su psique se desmorona bajo la influencia de Xibalba.
El apartado visual de Chris Burnham es fundamental para la efectividad de la obra. Su estilo, caracterizado por un nivel de detalle obsesivo y una capacidad única para el horror corporal (body horror), logra plasmar las ideas más abstractas y grotescas de Morrison. Burnham no escatima en representar la violencia y la degradación física, pero lo hace con una precisión quirúrgica que intensifica la sensación de incomodidad. El uso del color por parte de Nathan Fairbairn complementa esta visión, alternando entre los fríos y estériles pasillos de las naves espaciales y las paletas psicodélicas y perturbadoras de las dimensiones esotéricas.
Uno de los pilares de *Nameless* es su base teórica. Morrison integra elementos de la demonología, el sistema de magia de la Golden Dawn, la mitología maya y las teorías de cuerdas. No obstante, a diferencia de otras obras del autor donde la magia suele tener un matiz liberador o expansivo, aquí se presenta como algo hostil y traumático. La tesis central de la obra es profundamente pesimista: la idea de que la humanidad es un error o una presa en un cosmos que no solo es indiferente, sino activamente sádico.
La estructura del cómic exige una lectura activa. Morrison emplea saltos temporales, secuencias oníricas y espejos narrativos que obligan al lector a reconstruir la cronología de los eventos. Esta fragmentación no es gratuita; refleja el estado mental de los personajes y la naturaleza de la entidad que habita en el asteroide, la cual opera fuera de las leyes humanas del tiempo y el espacio.
En conclusión, *Nameless* es una obra técnica y visualmente impecable que redefine el horror en el noveno arte. No busca asustar mediante trucos fáciles, sino a través de una opresión existencial constante. Es una pieza esencial para quienes buscan un cómic que desafíe su intelecto y sus sentidos, ofreciendo una visión del apocalipsis que es tanto externa como