Publicado originalmente bajo el sello WildStorm de DC Comics a mediados de la década de los 2000, *Matador* es una miniserie de seis números que destaca como una de las propuestas más crudas y estilizadas dentro del género del *thriller* policial y el *neo-noir*. Escrita por Devin Grayson y dibujada por el artista británico D'Israeli (Matt Brooker), la obra se aleja de las convenciones superheroicas habituales de la editorial para sumergirse en una narrativa de obsesión, corrupción institucional y violencia ritualizada en el corazón de Florida.
La historia sigue a Isabel Cardona, una detective de homicidios de origen cubano en el Departamento de Policía de Miami. Cardona es una protagonista atípica: extremadamente capaz, pero marginada por sus propios compañeros y superiores debido a su negativa a jugar según las reglas políticas de la institución. Su carrera se encuentra en un punto crítico cuando comienza a investigar una serie de asesinatos brutales que parecen estar conectados por un patrón inquietante. Las víctimas son ejecutadas con una precisión quirúrgica que evoca los tercios de una corrida de toros, lo que lleva a Cardona a teorizar sobre la existencia de un asesino en serie al que apoda "El Matador".
El conflicto central no solo reside en la caza del asesino, sino en la lucha de Cardona contra el escepticismo de su entorno. En un Miami asfixiante, donde la luz del sol parece exponer más suciedad de la que limpia, la policía prefiere cerrar casos rápidamente antes que admitir la presencia de un depredador metódico y teatral. Esta resistencia burocrática obliga a Isabel a operar en los márgenes, convirtiendo su búsqueda en una cruzada personal que pone en riesgo su placa y su vida. La narrativa de Grayson se apoya fuertemente en el procedimental policial, pero lo eleva mediante un estudio psicológico de la protagonista, cuya tenacidad bordea la autodestrucción.
Visualmente, *Matador* es una obra distintiva gracias al trabajo de D'Israeli. El artista rompe con la estética tradicional del cómic estadounidense de la época, optando por un estilo de línea limpia, casi minimalista, pero cargado de una expresividad geométrica. Su interpretación de Miami huye de los clichés de neón y palmeras para centrarse en la arquitectura funcionalista, los espacios cerrados y una atmósfera opresiva. El uso del color es fundamental en la obra; las paletas saturadas y los contrastes marcados refuerzan la sensación de calor húmedo y la violencia súbita de los crímenes. La coreografía de las escenas de acción y la representación de los asesinatos mantienen un equilibrio incómodo entre la elegancia estética y la brutalidad visceral, reflejando la dualidad del concepto de la tauromaquia que da nombre al cómic.
El guion de Grayson evita los giros efectistas gratuitos para centrarse en una construcción de tensión ascendente. El "Matador" no es solo un criminal, sino una fuerza de la naturaleza que parece estar siempre un paso por delante, utilizando la ciudad y sus fallas estructurales como su propia plaza de toros. A medida que la investigación avanza, la metáfora del título se vuelve más profunda: Cardona se ve a sí misma en el papel del toro, siendo picada y banderilleada por un sistema que desea verla caer, mientras intenta embestir a un enemigo que se desvanece como una sombra.
*Matador* es, en esencia, un relato sobre la integridad en un mundo que premia la complacencia. Es una pieza de género sólida que aprovecha el formato de serie limitada para entregar una historia autoconclusiva, densa y visualmente fascinante. Para los lectores que buscan un cómic criminal que combine la sensibilidad del cine de Michael Mann con una estética visual europea y vanguardista, esta obra de Grayson y D'Israeli permanece como una joya de culto que merece ser reivindicada dentro del catálogo de WildStorm. La obra logra capturar la esencia del *noir* moderno: no se trata solo de quién cometió el crimen, sino de qué queda de la justicia cuando el sistema encargado de protegerla ha decidido mirar hacia otro lado.