Nicolas Eymerich Inquisidor – La Diosa

Nicolas Eymerich Inquisidor: La Diosa es la adaptación al lenguaje del cómic de la célebre serie de novelas del escritor italiano Valerio Evangelisti. Esta obra, guionizada por Jorge Zentner y dibujada por David Sala, no es solo una traslación literal de la prosa al papel, sino una reinterpretación visual que potencia la atmósfera opresiva y el horror teológico que caracteriza a la saga. El cómic se sitúa en la intersección del thriller histórico, la fantasía oscura y el horror sobrenatural, manteniendo como eje central a uno de los personajes más complejos y fascinantes de la literatura europea contemporánea.

La trama nos traslada al año 1352. El protagonista es Nicolas Eymerich, una figura histórica real que fue Inquisidor General de Aragón, pero que en la ficción de Evangelisti se convierte en un hombre de una inteligencia gélida, una voluntad inquebrantable y una carencia absoluta de empatía. Eymerich no es un héroe en el sentido tradicional; es un fanático dogmático que utiliza la lógica y el terror institucional para preservar la ortodoxia católica. En este volumen, titulado *La Diosa*, Eymerich es enviado a Zaragoza para investigar una serie de fenómenos inquietantes que amenazan la estabilidad de la Iglesia y el Reino.

El conflicto central arranca con la aparición de un culto clandestino que rinde culto a una deidad femenina ancestral, una figura que parece ser una amalgama de Diana y Hecate. Este resurgimiento del paganismo no es una simple rebelión campesina, sino que está vinculado a sucesos que desafían las leyes de la naturaleza y la razón. Eymerich, armado con su conocimiento de las artes prohibidas y su dominio de la escolástica, debe desentrañar una conspiración que involucra a la nobleza local, extrañas deformidades físicas y una presencia maligna que parece operar desde las sombras de la historia.

Uno de los aspectos más destacados de esta obra es el tratamiento del guion por parte de Jorge Zentner. El autor logra condensar la densidad filosófica de las novelas de Evangelisti sin perder la agilidad narrativa necesaria en un cómic. La historia se desarrolla a través de una investigación meticulosa donde el diálogo es tan afilado como un instrumento de tortura. Zentner respeta la esencia del personaje de Eymerich: su capacidad para deducir la verdad a través del dolor ajeno y su desprecio por todo aquello que no encaje en su rígida visión del mundo.

Sin embargo, es el apartado visual de David Sala lo que eleva este cómic a una categoría superior. Sala se aleja del realismo sucio habitual en el cómic histórico para abrazar una estética pictórica fuertemente influenciada por el simbolismo y el modernismo, especialmente por la obra de Gustav Klimt. El uso del color es narrativo: los tonos dorados, ocres y rojos profundos crean una atmósfera asfixiante y decadente. Las texturas son ricas y detalladas, lo que acentúa la sensación de que estamos ante una crónica antigua recuperada. El diseño de los personajes, especialmente el de Eymerich, transmite una severidad monacal que contrasta con las visiones oníricas y grotescas que pueblan las páginas cuando lo sobrenatural hace acto de presencia.

*La Diosa* no se limita a narrar una persecución de herejes. El cómic explora temas profundos como el poder del mito, la corrupción del cuerpo y el alma, y la lucha eterna entre el orden dogmático y el caos de lo desconocido. La estructura de la obra permite al lector sumergirse en la mentalidad del siglo XIV, donde la frontera entre la ciencia, la religión y la magia era extremadamente difusa.

En conclusión, *Nicolas Eymerich Inquisidor: La Diosa* es una pieza fundamental para los amantes del cómic europeo de autor. Es una obra que exige una lectura atenta, no solo por la complejidad de su trama inquisitorial, sino por la riqueza de sus detalles visuales. Representa una de las mejores adaptaciones literarias al medio, logrando capturar la esencia de un personaje despreciable pero magnético, enmarcado en una historia donde el horror no proviene solo de los monstruos, sino de la implacable rectitud de quien los persigue.

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