Flierman: La vulnerabilidad bajo la máscara de lo cotidiano
Dentro del vasto y a menudo saturado panorama del cómic contemporáneo, surgen ocasionalmente obras que desafían las etiquetas convencionales para situarse en un terreno fronterizo, casi inclasificable. *Flierman*, la obra del autor catalán Felipe Almendros publicada bajo el sello de Reservoir Books, es precisamente uno de esos artefactos narrativos. Como experto en el noveno arte, puedo afirmar que no estamos ante una historia de superhéroes al uso, a pesar de lo que su título —un juego de palabras fonético y conceptual— pueda sugerir. Estamos ante una deconstrucción visceral de la identidad, el miedo y la resiliencia familiar.
La sinopsis de *Flierman* nos introduce en la vida de un protagonista que es, en esencia, el propio autor pasado por el tamiz de la autoficción. La narrativa arranca no con una gran explosión o el descubrimiento de un poder cósmico, sino con el peso asfixiante de la realidad. El protagonista se encuentra en un momento de estancamiento vital, marcado por la precariedad y una sensación de invisibilidad social. Sin embargo, el núcleo emocional del cómic no reside solo en su propia crisis, sino en la figura de su hermana y la enfermedad que la rodea. Es aquí donde el concepto de "Flierman" cobra su verdadero significado: no es un alter ego para combatir el crimen, sino un refugio psicológico, una armadura de papel para enfrentar una realidad que se desmorona.
El dibujo de Almendros es, sin duda, el elemento que más impacta al lector primerizo. Heredero de una estética que algunos podrían calificar erróneamente de "feísta" o descuidada, su trazo es en realidad una herramienta de precisión emocional. Utiliza un estilo esquemático, casi minimalista, que prescinde de los adornos innecesarios para centrarse en la expresividad cruda de los rostros y la claustrofobia de los espacios. En *Flierman*, el blanco y negro no es solo una elección estética, sino un estado mental. Las páginas respiran una honestidad brutal que conecta directamente con la tradición del cómic underground y la novela gráfica de autor más introspectiva.
A medida que avanzamos en la lectura, la obra nos plantea una pregunta fundamental: ¿Qué significa ser un héroe cuando no hay villanos a los que golpear, sino solo facturas que pagar, hospitales que visitar y una soledad que gestionar? La figura de Flierman se convierte en una metáfora de la supervivencia. El protagonista se "disfraza" no para salvar al mundo, sino para intentar salvarse a sí mismo y a los suyos de la desesperanza. Es una exploración de la salud mental y de los mecanismos de defensa que construimos para no quebrarnos ante la adversidad.
Lo que hace que esta obra destaque en la estantería de cualquier coleccionista es su capacidad para transformar lo patético en algo profundamente digno. Almendros no busca la compasión del lector; busca su complicidad. A través de un humor seco, a veces incómodo, y de secuencias que rozan lo onírico, el autor logra que nos identifiquemos con esa sensación de ser un "superhéroe defectuoso". La narrativa fluye entre lo cotidiano y lo simbólico, creando una atmósfera donde la línea entre la realidad y la proyección mental del protagonista se vuelve borrosa.
En conclusión, *Flierman* es una lectura obligatoria para quienes buscan en el cómic algo más que entretenimiento escapista. Es una obra que duele, que incomoda, pero que también ofrece una extraña forma de consuelo. Es el testimonio de un autor que utiliza las viñetas como terapia y como espejo, recordándonos que, a veces, el acto más heroico que podemos realizar es simplemente seguir adelante un día más, incluso cuando sentimos que nuestra capa está hecha de retales y nuestras fuerzas están bajo mínimos. Una joya del cómic de autor español que merece ser analizada y reivindicada por su valentía formal y su inmensa humanidad.