Accident Man

Accident Man: El arte del asesinato invisible

Dentro del vasto panorama del cómic británico de finales del siglo XX, pocas obras logran capturar la esencia del cinismo, la sátira social y la violencia estilizada con la precisión de *Accident Man*. Creado por los guionistas Pat Mills y Tony Skinner, y visualmente definido por el arte crudo y vibrante de Martin Emond (junto a otros artistas como Duke Mighten y Howard Simpson), este título se desmarca de las narrativas convencionales de asesinos a sueldo para ofrecer una propuesta donde el ingenio criminal y la amoralidad son los verdaderos protagonistas.

La premisa de *Accident Man* gira en torno a Mike Fallon, un hombre que ha elevado el asesinato a una forma de arte burocrático y logístico. Fallon no es el típico sicario que utiliza rifles de francotirador o explosivos ruidosos; su especialidad, como indica el título, es hacer que sus objetivos mueran en circunstancias que parezcan accidentes trágicos, fortuitos o simplemente estúpidos. Desde frenos que fallan en el momento oportuno hasta intoxicaciones alimentarias aparentemente naturales o caídas domésticas inexplicables, Fallon es el maestro de la "muerte por mala suerte".

El personaje de Mike Fallon es, en sí mismo, un estudio de la psicología del yuppie de los años 80 y 90 llevado al extremo más oscuro. Es un individuo profundamente narcisista, obsesionado con las marcas de lujo, los coches deportivos de alta gama y un estilo de vida hedonista que solo puede financiarse mediante contratos de alto nivel. Para Fallon, el asesinato no es una cuestión de odio o ideología, sino un negocio extremadamente lucrativo que le permite mantener su estatus social. Esta desconexión emocional es lo que otorga al cómic su tono característico de humor negro; el lector observa cómo Fallon planifica meticulosamente la eliminación de seres humanos con la misma frialdad con la que alguien elegiría un traje de sastre.

Narrativamente, el cómic se estructura a través de las misiones de Fallon, pero pronto evoluciona hacia una trama más compleja que explora el submundo de los asesinos profesionales. En este universo, Fallon no está solo; existe una jerarquía y una comunidad de especialistas, cada uno con sus propios métodos y códigos de conducta (o la falta de ellos). La tensión de la obra surge cuando la vida perfecta y controlada de Fallon comienza a desmoronarse, obligándolo a enfrentarse no solo a las autoridades, sino a sus propios colegas y a las consecuencias imprevistas de su "trabajo perfecto".

El apartado visual merece una mención especial, particularmente el trabajo de Martin Emond. Su estilo, influenciado por la estética del punk, el rock y el arte del tatuaje, aporta una energía visceral a las páginas. A pesar de que Fallon se mueve en entornos de lujo, el dibujo de Emond impregna todo de una suciedad intrínseca, una atmósfera decadente que subraya la podredumbre moral de la historia. El contraste entre la elegancia superficial del protagonista y la brutalidad de sus actos se manifiesta en cada viñeta, creando una experiencia visualmente impactante que complementa el guion subversivo de Mills.

Pat Mills, conocido por ser uno de los arquitectos de la revista *2000 AD* y creador de *Marshal Law*, utiliza *Accident Man* para lanzar una crítica mordaz al capitalismo salvaje y a la falta de empatía de la era Thatcher. Fallon es el producto definitivo de su tiempo: un hombre que ha mercantilizado la muerte de tal manera que ha eliminado cualquier rastro de culpa. El cómic no busca que el lector simpatice con el protagonista en un sentido tradicional, sino que lo invita a ser cómplice de su ingenio y a observar, con una mezcla de horror y fascinación, cómo la sociedad ignora la maldad siempre que esta se presente bajo una apariencia de normalidad accidental.

En conclusión, *Accident Man* es una pieza fundamental para entender el cómic británico de autor de los años 90. Es una obra que rechaza las florituras heroicas para centrarse en la logística del crimen y la psicología de un sociópata encantador. Sin necesidad de recurrir a giros melodramáticos, el cómic se sostiene sobre un guion afilado como un bisturí y una propuesta estética que sigue sintiéndose fresca y transgresora décadas después de su publicación original. Es, en definitiva, un manual de estilo sobre cómo ejecutar el crimen perfecto mientras se mantiene el nudo de la corbata impecable.

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