En el vasto y fascinante panteón de la historieta española, existen obras que, aunque a veces quedan a la sombra de los grandes colosos como *El Capitán Trueno* o *El Jabato*, representan la esencia pura de la aventura y el virtuosismo artístico de una época dorada. 'Don Z', publicada originalmente por la mítica Editorial Bruguera a mediados de la década de 1960, es una de esas joyas que merece ser reivindicada por cualquier entusiasta del noveno arte.
Escrita por el prolífico guionista Federico Mediante y elevada a la categoría de obra de culto por el dibujo magistral de Francisco Cueto, 'Don Z' nos transporta a una España dieciochesca, un escenario de contrastes donde la elegancia de las cortes se cruza con la crudeza de la injusticia social. La serie se inscribe dentro del género de "capa y espada", pero lo hace con una personalidad arrolladora que la distingue de sus contemporáneos.
La premisa nos presenta a un héroe que bebe directamente de la tradición de figuras como El Zorro o El Coyote, pero adaptado con un sabor castizo y una narrativa trepidante. El protagonista es un noble que, oculto tras una máscara y una identidad secreta, decide enfrentarse a la tiranía y a los abusos de poder que asolan a los más desfavorecidos. Don Z no es solo un espadachín hábil; es un símbolo de resistencia, un aristócrata que renuncia a la comodidad de su estatus para convertirse en el azote de los corruptos.
Lo que realmente consagra a 'Don Z' como un cómic excepcional es el trabajo de Francisco Cueto. En una época donde la producción industrial de viñetas a veces sacrificaba el detalle, Cueto se desmarcó con un estilo dinámico, elegante y profundamente cinematográfico. Sus composiciones de página son una lección de narrativa visual: el lector casi puede escuchar el acero de los floretes chocando y sentir el galope de los caballos en las persecuciones nocturnas. El uso de las sombras y el claroscuro no solo aporta una atmósfera de misterio necesaria para un héroe enmascarado, sino que dota a la obra de una madurez visual poco común en las publicaciones de quiosco de aquel entonces.
La trama de 'Don Z' se aleja de los maniqueísmos simplistas. Aunque el núcleo es la lucha del bien contra el mal, los guiones de Mediante introducen intrigas palaciegas, traiciones familiares y un trasfondo histórico que, si bien es romántico y aventurero, no ignora las tensiones de una sociedad en cambio. El héroe debe navegar por un laberinto de lealtades divididas, donde su verdadera identidad corre peligro constante de ser descubierta, no solo por sus enemigos, sino por aquellos que más ama.
Sin entrar en detalles que arruinen la experiencia de lectura, podemos decir que la serie destaca por su ritmo. Cada entrega es una pieza de un rompecabezas mayor donde la acción nunca se detiene. Los diálogos son ágiles y cargados de esa nobleza caballeresca que hoy resulta nostálgica, pero que en su momento definía el ideal del héroe romántico. Don Z es astuto, valiente y posee un sentido del humor irónico que utiliza para desquiciar a sus oponentes antes de desarmarlos.
Para el coleccionista y el estudioso del cómic, 'Don Z' es también un testimonio del poderío editorial de Bruguera y de la capacidad de los autores españoles para crear iconos universales con recursos limitados. Es una obra que captura la imaginación desde la primera plancha y que mantiene su frescura décadas después de su creación. En resumen, 'Don Z' es una oda a la justicia, un despliegue de maestría gráfica y, por encima de todo, una invitación a soñar con un mundo donde un hombre con una máscara y una espada puede cambiar el destino de una nación. Una lectura obligatoria para entender la evolución del tebeo de aventuras en España.