Little Nemo en el Pais de los Sueños

Little Nemo en el País de los Sueños: La arquitectura de la fantasía

Hablar de *Little Nemo in Slumberland* (conocido en español como *Little Nemo en el País de los Sueños*) no es simplemente referirse a un cómic clásico; es invocar el "Big Bang" de la narrativa visual moderna. Creada por el genio Winsor McCay y publicada por primera vez en el *New York Herald* el 15 de octubre de 1905, esta obra representa la cumbre de la era dorada de las tiras cómicas dominicales y sigue siendo, más de un siglo después, un referente ineludible para cualquier amante del noveno arte.

La premisa de la obra es, en apariencia, de una sencillez encantadora. Cada entrega semanal nos presenta a Nemo, un niño de principios del siglo XX, que al cerrar los ojos se sumerge en un mundo onírico de una riqueza visual sin precedentes. Su misión principal, encomendada por el Rey Morfeo, es llegar a *Slumberland* (el País de los Sueños) para convertirse en el compañero de juegos oficial de la Princesa. Sin embargo, el camino hacia el palacio real nunca es directo. A través de sus sueños, Nemo debe navegar por paisajes surrealistas, ciudades de cristal, desiertos de colores imposibles y arquitecturas que desafían las leyes de la física.

Lo que eleva a *Little Nemo* por encima de cualquier otra obra de su tiempo es la maestría técnica y la imaginación desbordante de Winsor McCay. Como experto, es imposible no maravillarse ante su uso del *Art Nouveau*. Cada página es una lección de diseño: las viñetas no son meros contenedores de acción, sino elementos vivos que crecen, se estiran o se comprimen para reflejar la sensación de Nemo dentro del sueño. Si Nemo siente que el techo se le cae encima, la viñeta se aplasta físicamente; si camina sobre zancos gigantes, la viñeta se alarga verticalmente hasta ocupar toda la página.

El elenco de personajes que acompaña a nuestro joven protagonista añade una capa de complejidad fascinante. Tenemos a Flip, un personaje inicialmente antagonista que fuma puros y lleva un sombrero de copa con la frase "Wake Up" (Despierta). Flip representa el caos y la interrupción; su sola presencia amenaza con romper la burbuja del sueño y devolver a Nemo a la vigilia. También encontramos al Doctor Pill, al Impie y, por supuesto, a la etérea Princesa. Juntos, forman una dinámica que oscila entre la maravilla infantil y una inquietud casi metafísica.

Uno de los aspectos más revolucionarios de la obra es su tratamiento del subconsciente. Aunque McCay era contemporáneo de Sigmund Freud, su exploración de los sueños no es clínica, sino puramente estética y sensorial. En *Little Nemo*, los objetos cotidianos cobran vida de formas aterradoras o fascinantes: una cama puede desarrollar patas larguísimas para galopar sobre los tejados de la ciudad, o un barco puede navegar por un mar de nubes. Esta capacidad de transformar lo ordinario en extraordinario es lo que ha influenciado a autores de la talla de Maurice Sendak, Neil Gaiman, Hayao Miyazaki y Moebius.

El ritmo de la narración es otro de sus grandes aciertos. Cada página dominical funciona como un episodio autoconclusivo que sigue un ritual sagrado: la inmersión en el sueño, el desarrollo de una aventura fantástica y, inevitablemente, la viñeta final donde Nemo se despierta de forma abrupta —ya sea cayéndose de la cama, siendo regañado por sus padres o simplemente abriendo los ojos en la penumbra de su habitación—. Este retorno constante a la realidad no solo aporta un toque de humor y humanidad, sino que refuerza la naturaleza efímera y preciosa de la fantasía.

En resumen, *Little Nemo en el País de los Sueños* es una catedral de la imaginación. Es una obra que exige ser leída en gran formato para apreciar el detalle minucioso de sus fondos, la vibrancia de su paleta de colores (revolucionaria para la tecnología de impresión de 1900) y la elegancia de su trazo. No es solo un cómic para niños; es un viaje psicodélico antes de que existiera el término, una exploración de los límites del papel y una prueba irrefutable de que el cómic es, y siempre ha sido, una de las formas de arte más elevadas de la humanidad. Sumergirse en sus páginas es aceptar la invitación a un mundo donde lo imposible es la única regla.

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