En el vasto panteón de la historieta clásica española, pocas obras logran capturar la esencia del misterio, la intriga internacional y el temor tecnológico de mediados del siglo XX con la maestría de "El Poder Invisible". Publicada originalmente en 1954 por la mítica Editorial Maga, esta obra representa un punto de inflexión en el tebeo de aventuras, consolidándose como una pieza de culto para los coleccionistas y estudiosos del noveno arte.
La narrativa nos sitúa en un escenario de posguerra mundial, donde el equilibrio de poder es frágil y las sombras de la ciencia mal empleada se alargan sobre las naciones. El guion, orquestado por el prolífico Federico Amorós, nos introduce en una trama que bebe directamente de las fuentes del *pulp* y el suspense cinematográfico de la época. La premisa arranca con una serie de eventos inexplicables que desafían la lógica militar y científica: sabotajes perfectos, desapariciones imposibles y una amenaza latente que parece no tener rostro ni forma física.
El corazón de la historia late en torno a la existencia de un descubrimiento científico revolucionario —y aterrador— que da nombre a la serie. Este "poder", que permite operar desde las sombras con una impunidad absoluta, se convierte en el objeto de deseo de organizaciones criminales y potencias extranjeras. El protagonista, un hombre de principios inquebrantables y recursos sorprendentes, se ve envuelto en una carrera contrarreloj para evitar que esta tecnología caiga en las manos equivocadas, lo que desencadenaría un caos global irreversible.
Lo que eleva a "El Poder Invisible" por encima de otros seriales de aventuras de su tiempo es, sin duda, el apartado gráfico. Estamos ante uno de los trabajos primerizos, pero ya deslumbrantes, del legendario José Ortiz. Antes de convertirse en una estrella internacional y un pilar de la agencia Selecciones Ilustradas, Ortiz ya demostraba aquí una capacidad innata para la composición dinámica y el manejo de las luces y sombras. Su trazo, firme y detallado, dota a la obra de una atmósfera casi de *cine negro*. Los escenarios, que van desde laboratorios secretos hasta exóticos paisajes internacionales, están dibujados con un realismo que otorga verosimilitud a una trama que roza la ciencia ficción.
La narrativa visual de Ortiz es cinematográfica; utiliza los encuadres para acentuar la sensación de paranoia que impregna el guion de Amorós. El lector siente constantemente que alguien acecha desde los márgenes de la viñeta, una elección artística que refuerza el concepto del enemigo invisible. La química entre el guionista y el dibujante es palpable: Amorós dosifica la información con cuentagotas, manteniendo un suspense constante, mientras Ortiz traduce esa tensión en rostros expresivos y secuencias de acción vibrantes que no han perdido ni un ápice de fuerza con el paso de las décadas.
Temáticamente, el cómic explora la ética científica y la responsabilidad del individuo frente al colectivo. En una era marcada por el inicio de la Guerra Fría, "El Poder Invisible" funcionaba como un reflejo de las ansiedades de la sociedad ante el progreso tecnológico descontrolado. No es solo una historia de "buenos contra malos", sino una reflexión sobre la vulnerabilidad del mundo moderno ante aquello que no puede ver ni comprender.
Para el lector contemporáneo, acercarse a esta obra es realizar un viaje arqueológico a la "Edad de Oro" del tebeo español. Es una lección de cómo construir una épica de suspense con recursos limitados, confiando en la fuerza de los personajes y en una narrativa visual poderosa. "El Poder Invisible" no solo es un testimonio del talento de dos gigantes como Amorós y Ortiz, sino también una prueba de que la aventura clásica, cuando está bien ejecutada, posee una cualidad atemporal que sobrevive a las modas y a los cambios generacionales. Es, en definitiva, una lectura obligatoria para entender la evolución de la narrativa gráfica en España y un ejemplo perfecto de cómo el misterio puede ser el motor más potente de la imaginación.