Para entender la magnitud de "Futuro", la obra del laureado autor valenciano Paco Roca, primero debemos despojarnos de las ideas preconcebidas sobre la ciencia ficción contemporánea. Como experto en el noveno arte, puedo afirmar que nos encontramos ante una pieza que no solo rinde homenaje a la "Edad de Oro" del género, sino que la deconstruye para ofrecernos una meditación profunda sobre la condición humana, la soledad y el peso de las expectativas.
Publicada originalmente a principios de los años 2000 y recuperada posteriormente en ediciones integrales, *Futuro* es una anomalía deliciosa en la bibliografía de Roca. Si bien el autor es mundialmente reconocido por su realismo social y su capacidad para retratar la cotidianidad en obras como *Arrugas* o *La casa*, en este cómic utiliza el espacio exterior como un lienzo metafórico. La sinopsis nos sitúa en un universo que parece extraído directamente de las portadas de las revistas *pulp* de los años 50 o de las tiras dominicales de *Flash Gordon*. Sin embargo, tras esa estética vibrante y retro-futurista, se esconde una melancolía que impregna cada viñeta.
El protagonista, que da nombre a la obra, es un aventurero espacial que habita un cosmos que parece haber sido diseñado por los sueños de los futuristas del siglo pasado. Viaja en naves de líneas aerodinámicas y superficies cromadas, visita planetas de arquitecturas imposibles y se cruza con civilizaciones exóticas. Pero, a diferencia de los héroes de acción tradicionales, Futuro es un personaje introspectivo, casi espectral. Su viaje no es una conquista de territorios, sino una búsqueda errante de identidad. Se mueve por un universo que se siente extrañamente vacío, como si fuera el último habitante de un parque de atracciones abandonado que una vez prometió ser el mañana definitivo.
Desde el punto de vista visual, Roca hace un despliegue magistral de la "línea clara". Su dibujo es limpio, preciso y elegante, heredero directo de la escuela franco-belga y de maestros como Moebius o Hergé, pero con una calidez mediterránea que es marca de la casa. El uso del color es fundamental: tonos saturados y brillantes que evocan optimismo, contrastando irónicamente con el vacío existencial que siente el protagonista. Es una obra que entra por los ojos como un caramelo visual, pero que deja un poso de reflexión agridulce.
La narrativa se estructura a través de una serie de episodios que funcionan como piezas de un rompecabezas emocional. A medida que acompañamos a Futuro en sus periplos, nos damos cuenta de que el verdadero conflicto no reside en las amenazas externas o en los monstruos espaciales, sino en la memoria y el paso del tiempo. Paco Roca explora la idea del "futuro que nunca fue": esa visión utópica del mañana que la humanidad proyectó hace décadas y que, al no cumplirse, ha dejado una huella de nostalgia por algo que jamás existió.
Sin caer en revelaciones que arruinen la experiencia, es importante destacar que el cómic juega con la percepción de la realidad. ¿Es este universo real o es una construcción mental? ¿Es Futuro un héroe o un náufrago de sus propios recuerdos? Estas preguntas planean sobre la lectura, convirtiendo el acto de pasar las páginas en un ejercicio de exploración filosófica. La obra nos habla de la necesidad de encontrar un lugar en el mundo (o en la galaxia) y de cómo nuestras ambiciones a menudo nos alejan de lo que realmente importa.
En conclusión, *Futuro* es una lectura esencial para cualquier amante del cómic que busque algo más que entretenimiento escapista. Es una joya de la ciencia ficción introspectiva que demuestra que Paco Roca, incluso antes de sus grandes éxitos internacionales, ya poseía una sensibilidad única para capturar la fragilidad del alma humana. Es un viaje visualmente deslumbrante y emocionalmente resonante hacia los confines de la imaginación y, sobre todo, hacia el interior de nosotros mismos. Una obra que nos recuerda que, por muy lejos que viajemos entre las estrellas, siempre llevamos nuestro pasado en la mochila.