Jeepers Creepers

La incursión de la editorial Dynamite Entertainment en el terreno del horror con la serie limitada de *Jeepers Creepers* (2018) representa un esfuerzo consciente por dotar de una mitología más densa y una estructura narrativa de investigación a uno de los antagonistas más icónicos del cine de género de principios de los años 2000. Bajo la pluma del guionista Marc Andreyko y con el arte de Kewber Baal, este cómic no se limita a replicar la fórmula del *slasher* cinematográfico, sino que expande el canon de la criatura conocida como "The Creeper", explorando sus raíces ancestrales y su impacto a lo largo de la historia humana.

La trama se aleja de los protagonistas adolescentes habituales para centrarse en Devin Toulson, un estudiante de posgrado cuya obsesión académica lo ha llevado a investigar las leyendas urbanas más oscuras de los Estados Unidos. Devin no es un cazador de monstruos, sino un investigador que busca la verdad detrás de los mitos. Su tesis doctoral se enfoca en la persistencia de ciertas figuras aterradoras en el folclore, lo que lo pone tras la pista de una entidad que emerge cada 23 primaveras para alimentarse durante 23 días. Lo que comienza como una búsqueda de documentos y testimonios antiguos pronto se convierte en una carrera contra el tiempo y la lógica, a medida que Devin descubre que las huellas del Creeper no solo están en recortes de periódicos viejos, sino grabadas en la historia misma de las civilizaciones.

El guion de Andreyko utiliza una estructura de narrativa dual. Por un lado, seguimos el viaje físico de Devin a través de zonas rurales y archivos olvidados, donde la atmósfera de aislamiento y paranoia se construye de manera progresiva. Por otro lado, el cómic utiliza analepsis o *flashbacks* para mostrar encuentros históricos con la criatura. Estos fragmentos del pasado son fundamentales, ya que sugieren que el Creeper no es un fenómeno moderno, sino una fuerza de la naturaleza —o algo más allá de ella— que ha interactuado con culturas antiguas, desde los aztecas hasta los colonos americanos. Esta expansión del *lore* es el núcleo del cómic, ofreciendo al lector una perspectiva mucho más amplia sobre la naturaleza del monstruo, sugiriendo que su existencia está ligada a ciclos de sacrificio y supervivencia que trascienden la comprensión humana.

Visualmente, Kewber Baal logra capturar la esencia grotesca y amenazante del Creeper sin perder el realismo necesario para que la parte investigativa de la historia funcione. El diseño de la criatura respeta fielmente su apariencia cinematográfica —el abrigo raído, el sombrero de ala ancha y esa fisonomía que mezcla lo humano con lo insectoide y lo aviar—, pero Baal aprovecha el medio del cómic para mostrar detalles anatómicos que en el cine a veces quedan ocultos por la rapidez del montaje. El uso de las sombras es magistral, creando una sensación de constante acecho; el lector siente que el Creeper está presente incluso cuando no aparece en las viñetas, manifestándose a través del miedo de los personajes y la decrepitud de los escenarios.

La paleta de colores, a menudo saturada de tonos tierra, ocres y rojos profundos, refuerza la sensación de suciedad y antigüedad. No es un cómic de horror brillante o estilizado; es sucio, visceral y opresivo. La narrativa evita los sustos fáciles (*jump scares*) para centrarse en un horror existencial y arqueológico. La pregunta que impulsa la historia no es solo si Devin sobrevivirá, sino qué es exactamente lo que está persiguiendo y si el conocimiento de su origen es una carga que la mente humana puede soportar.

En conclusión, el cómic de *Jeepers Creepers* se posiciona como una pieza esencial para entender la magnitud de la amenaza que representa el Creeper. Al alejarse de la estructura lineal de persecución y centrarse en la investigación histórica y mitológica, Marc Andreyko y Kewber Baal logran elevar al personaje de un simple monstruo de película a una entidad legendaria con un trasfondo rico y aterrador. Es una obra que respeta el material original mientras construye un camino propio, ideal para quienes buscan profundizar en el horror sin las restricciones del formato cinematográfico.

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