En el vasto y a menudo nostálgico panorama del tebeo clásico español, existen figuras que, aunque han quedado resguardadas en las estanterías de los coleccionistas más veteranos, representan hitos fundamentales en la evolución de la narrativa gráfica del país. Una de estas figuras es, sin duda, "King, el pequeño policía". Creado por el magistral pincel de Enrique Pertegás y publicado bajo el legendario sello de la Editorial Valenciana, este cómic no es solo una obra de entretenimiento infantil, sino un testimonio de la sofisticación visual que alcanzó la denominada "Escuela Valenciana" durante mediados del siglo XX.
La premisa de la obra nos sitúa en un entorno urbano vibrante y lleno de matices, donde King, un joven de corta edad pero de una madurez y astucia asombrosas, ejerce las funciones de un agente de la ley con una eficacia que ya querrían para sí sus colegas adultos. A diferencia de otros héroes juveniles de la época que se centraban en el humor slapstick o la travesura pura, King se define por su integridad, su capacidad de observación y un sentido de la justicia inquebrantable. Es, en esencia, un detective de "línea clara" atrapado en el cuerpo de un muchacho, lo que genera una dinámica fascinante entre su apariencia inofensiva y su mente analítica.
El desarrollo de las historias de King suele seguir una estructura procedimental clásica, pero imbuida de un dinamismo cinematográfico. El pequeño policía se enfrenta a una galería de villanos que van desde el carterista común hasta sofisticados estafadores y bandas organizadas. Lo que hace que estas tramas sigan siendo atractivas décadas después es cómo Pertegás utiliza el ingenio de King para resolver los conflictos. No se trata de fuerza bruta —aunque la acción nunca falta—, sino de la aplicación de la lógica y el conocimiento del comportamiento humano. King es el arquetipo del héroe que demuestra que la inteligencia es la herramienta más poderosa contra el crimen.
Visualmente, "King, el pequeño policía" es una delicia para cualquier experto en el medio. Enrique Pertegás, uno de los autores más dotados de su generación, dota a la obra de un estilo elegante y detallado. Sus composiciones de página son fluidas, permitiendo que la lectura sea ágil y emocionante. El diseño del personaje de King es icónico: su gorra de plato, su uniforme impecable y esa mirada decidida lo convierten en una figura reconocible al instante. Además, el tratamiento de los fondos y los escenarios urbanos transporta al lector a una época donde la ciudad era un laberinto de sombras y oportunidades, muy en la línea del cine negro estadounidense, pero adaptado a la sensibilidad del tebeo español.
Otro aspecto relevante es el contexto editorial. King nació en las páginas de la revista *Jaimito*, compartiendo espacio con personajes cómicos, pero logrando destacar por su tono de aventura detectivesca con tintes de realismo. En un periodo donde la censura y las limitaciones económicas marcaban la producción cultural en España, King ofrecía una ventana a un mundo de orden, resolución de problemas y triunfo del bien, proporcionando a los jóvenes lectores un modelo de conducta basado en la responsabilidad y el valor.
Sin entrar en detalles que arruinen la experiencia de lectura de sus casos más emblemáticos, se puede afirmar que cada entrega de King es una lección de narrativa breve. El autor logra presentar el misterio, desarrollar la investigación y llegar a una resolución satisfactoria en un número