Zarpa de Acero

En el vasto panteón del cómic británico de la posguerra, pocas figuras resultan tan fascinantes, oscuras y visualmente icónicas como la de Louis Crandell, el protagonista de "Zarpa de Acero" (*The Steel Claw*). Publicada originalmente en 1962 en la revista *Valiant*, esta obra no solo es un pilar del noveno arte en el Reino Unido, sino que alcanzó un estatus de culto en España y Latinoamérica, gracias en gran medida al extraordinario talento del dibujante español Jesús Blasco, cuya labor elevó un guion de ciencia ficción a la categoría de obra maestra del claroscuro.

La premisa de "Zarpa de Acero" nos introduce a Louis Crandell, un hombre marcado por la tragedia y la amargura. Crandell es el asistente de un científico, el profesor Barringer, pero su rasgo más distintivo es una prótesis metálica que sustituye su mano derecha, perdida en un accidente previo. Este elemento, que da nombre a la serie, no es inicialmente más que un recordatorio de su minusvalía y un objeto de resentimiento. Sin embargo, todo cambia tras un fatídico accidente en el laboratorio: una explosión de alta tensión eléctrica baña a Crandell en una energía desconocida.

El resultado de este incidente es uno de los "poderes" más ingeniosos y visualmente potentes de la historia del cómic. Al recibir una descarga eléctrica, el cuerpo de Louis Crandell se vuelve completamente invisible, con una única y perturbadora excepción: su mano de acero. La prótesis, al no ser tejido orgánico, permanece visible, flotando en el aire como una garra espectral que se mueve con voluntad propia. Esta imagen, la de una mano metálica suspendida en el vacío realizando actos prodigiosos o terribles, se convirtió en el sello de identidad de la obra y en una de las estampas más recordadas por los lectores de la época.

Lo que diferencia a "Zarpa de Acero" de otros cómics de superhéroes contemporáneos es la ambigüedad moral de su protagonista. En sus primeras etapas, Crandell no es un héroe altruista. Es un hombre resentido con la sociedad, un paria que utiliza su nueva invisibilidad para fines egoístas, bordeando e incluso cruzando la línea de la villanía. Esta complejidad psicológica aporta una capa de realismo sucio y desesperanza que era inusual en los años 60. Con el tiempo, el personaje evoluciona, pasando de ser un fugitivo y un antihéroe a convertirse en un agente especial para la organización de inteligencia británica conocida como el "Escuadrón de las Sombras" (*Shadow Squad*). No obstante, nunca pierde del todo ese aura de peligro y melancolía que lo rodea.

El apartado artístico merece una mención especial. Jesús Blasco, uno de los grandes maestros del cómic europeo, dota a la serie de una atmósfera asfixiante y cinematográfica. Su uso de las sombras y las texturas metálicas de la garra crea una sensación de volumen y realismo que hace que lo fantástico parezca tangible. La narrativa visual de Blasco es dinámica, capaz de transmitir la tensión de una infiltración silenciosa o el caos de una persecución tecnológica con la misma maestría.

"Zarpa de Acero" es, en esencia, una mezcla perfecta entre el género de espionaje, la ciencia ficción clásica y el thriller psicológico. A través de sus páginas, el lector acompaña a un hombre que debe aprender a vivir con un poder que lo deshumaniza literalmente (al hacerlo invisible) mientras intenta encontrar su lugar en un mundo que lo teme o desea explotarlo. Es una obra que explora la soledad, la redención y la dualidad del ser humano, todo ello envuelto en una estética "pulp" de alta calidad.

Para cualquier entusiasta del cómic clásico, "Zarpa de Acero" representa la cumbre de la "invasión británica" previa a los años 80. Es una lectura imprescindible no solo por su valor histórico, sino por la vigencia de su atmósfera oscura y el carisma de un protagonista que, incluso siendo invisible, deja una huella imborrable en la memoria del lector. Una joya del blanco y negro que demuestra que, a veces, lo que no se ve es precisamente lo que más nos define.

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