Jorga

Como experto en el noveno arte, es un placer desgranar una de las obras más fascinantes y crípticas de la narrativa gráfica contemporánea española. Hablar de "Jorga" es adentrarse en el universo personalísimo de Alberto Vázquez, un autor que ha logrado consolidar un sello estético y temático inconfundible, moviéndose con maestría entre la ilustración, el cómic y la animación (ganador de varios premios Goya por obras como *Psiconautas* o *Unicorn Wars*).

En *Jorga*, editado magistralmente por Astiberri, Vázquez nos propone un viaje que es, a partes iguales, una epopeya prehistórica, una fábula existencialista y un ejercicio de supervivencia extrema. La obra prescinde casi por completo de la palabra articulada para confiar todo su peso narrativo al poder de la imagen, recordándonos que el cómic, en su esencia más pura, es un lenguaje visual capaz de transmitir emociones complejas sin necesidad de globos de texto que expliquen lo evidente.

El escenario: Un mundo en los albores (o el ocaso) del tiempo

La historia nos sitúa en un entorno hostil, un paisaje que parece suspendido en una era indeterminada donde la naturaleza se manifiesta en su forma más cruda y despiadada. No sabemos si estamos ante el amanecer de la humanidad o en las cenizas de un futuro post-apocalíptico que ha regresado a la barbarie. Lo que sí queda claro desde las primeras páginas es que este es un mundo de barro, hueso, sombra y dientes.

El diseño de producción de las viñetas es asfixiante y hermoso a la vez. Vázquez utiliza un blanco y negro rotundo, con un uso del tramado y las texturas que dota a las rocas, a la piel de las bestias y a la vegetación de una cualidad táctil. El lector casi puede sentir la humedad de las cuevas y el frío del viento en este páramo desolado.

El protagonista: Jorga, el superviviente

Jorga, el personaje que da nombre al tomo, es una criatura pequeña, de formas redondeadas pero aspecto tosco, que encarna la fragilidad en un ecosistema diseñado para aniquilar al débil. No es un héroe en el sentido clásico; no busca salvar el mundo ni alcanzar la gloria. Jorga simplemente *está*. Su motivación es la más básica y, a la vez, la más profunda de todas: la supervivencia y la búsqueda de un lugar o un propósito en un entorno que le es indiferente.

A través de sus ojos, asistimos a una procesión de encuentros con otras criaturas, algunas grotescas, otras de una belleza inquietante, que forman parte de una cadena trófica implacable. La genialidad de Vázquez reside en cómo logra que empaticemos con un ser que apenas emite sonidos, cuya expresividad está limitada por su fisonomía, pero que desprende una humanidad conmovedora en su lucha diaria contra la soledad y el hambre.

Temáticas: La crueldad y la poesía de lo salvaje

*Jorga* explora temas recurrentes en la bibliografía del autor: la pérdida de la inocencia, la crueldad intrínseca de la naturaleza y la soledad del individuo frente al grupo o el entorno. Hay una cualidad antropológica en el relato; parece que estuviéramos observando un documental sobre una especie desconocida, pero las situaciones que vive el protagonista resuenan con dilemas muy humanos sobre el miedo, la curiosidad y la necesidad de conexión.

El cómic funciona como una fábula oscura. Al igual que en los cuentos de los hermanos Grimm originales, aquí no hay concesiones al sentimentalismo barato. La muerte es una presencia constante, pero no se presenta de forma gratuita, sino como parte de un ciclo vital que Jorga intenta navegar con una mezcla de instinto y una incipiente inteligencia emocional.

El estilo visual: El contraste como narrativa

Visualmente, la obra es un festín para los amantes del dibujo detallado. El contraste entre el diseño de personajes —que a veces roza lo "kawaii" o lo infantil en sus formas básicas— y la violencia o la oscuridad de las situaciones crea una disonancia cognitiva que es marca de la casa de Alberto Vázquez. Esta dualidad genera una tensión constante: lo que parece tierno puede volverse letal en la siguiente viñeta.

En conclusión, *Jorga* es una pieza imprescindible para entender el cómic de autor actual. Es una obra silenciosa que grita verdades incómodas sobre nuestra propia naturaleza. Es un libro que no se lee, se contempla y se padece, dejando en el lector una huella persistente, como la de una pintura rupestre descubierta en la oscuridad de una caverna olvidada.

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