En el vasto y fascinante panorama del cómic europeo, y más concretamente dentro de la edad de oro del cómic adulto español, pocas figuras brillan con la intensidad y el estilo inconfundible de Alfonso Azpiri. Dentro de su prolífica bibliografía, "Terciopelo Negro" se erige no solo como una de sus obras más maduras, sino como una pieza de culto que amalgama con maestría el género negro, la fantasía urbana y ese erotismo elegante que convirtió al autor madrileño en un referente internacional.
La historia nos sumerge en una urbe anónima, una metrópolis que parece suspendida en un tiempo indeterminado, donde la estética de los años 40 se funde con elementos góticos y una atmósfera de ensueño (o pesadilla) tecnológico-decadente. En este escenario de claroscuros, donde la lluvia parece no dar tregua y las sombras tienen vida propia, emerge la figura de Terciopelo Negro. Ella no es una heroína al uso, sino una presencia enigmática, una mujer cuya identidad se oculta tras una máscara y un atuendo que evoca tanto la sofisticación de una *femme fatale* del cine clásico como la peligrosidad de un depredador nocturno.
La trama se articula como un laberinto de intrigas donde el poder, la corrupción y los deseos más oscuros de la alta sociedad se entrelazan con los bajos fondos de la ciudad. Terciopelo Negro se mueve entre estos dos mundos con una agilidad felina, actuando como una suerte de justiciera, ladrona o ángel vengador, según dicten las circunstancias o su propio código moral, el cual permanece siempre envuelto en el misterio. El lector es invitado a seguir sus pasos mientras ella desentraña conspiraciones que amenazan con desestabilizar el frágil equilibrio de la ciudad, enfrentándose a villanos que parecen extraídos de las páginas de un relato de *pulp fiction* pero pasados por el tamiz surrealista de Azpiri.
Lo que verdaderamente eleva a "Terciopelo Negro" por encima de otros relatos de género es el despliegue visual de su autor. Azpiri utiliza su dominio del color y la composición para crear una narrativa sensorial. Cada viñeta está cargada de una atmósfera densa; se puede casi oler el humo de los cigarrillos en los clubes de jazz y sentir la humedad de los callejones. Su dibujo, caracterizado por una línea precisa y una representación de la anatomía femenina que roza la perfección estética, dota a la protagonista de una sensualidad que nunca es gratuita, sino que forma parte de su armamento y de su mística.
La obra explora temas profundos bajo su barniz de entretenimiento adulto. Se reflexiona sobre la dualidad de la justicia, la pérdida de la inocencia en un mundo devorado por la ambición y la búsqueda de la propia identidad en una sociedad que obliga a llevar máscaras, tanto literales como figuradas. Terciopelo Negro es, en esencia, un símbolo de resistencia contra la monotonía y la opresión de una ciudad que intenta devorar a sus habitantes.
Para el neófito, este cómic es la puerta de entrada perfecta al universo de Azpiri más allá de su icónica "Lorna". Aquí, el erotismo se maneja con una narrativa mucho más cinematográfica y pausada, permitiendo que el misterio sea el motor principal de la lectura. No hay respuestas fáciles en "Terciopelo Negro"; el autor prefiere que el lector se pierda en los detalles de sus fondos abigarrados y en la mirada melancólica de su protagonista.
En conclusión, "Terciopelo Negro" es una sinfonía visual de sombras y luces, un ejercicio de estilo que demuestra por qué el cómic español alcanzó cotas de calidad artística insuperables durante finales del siglo XX. Es una obra imprescindible para quienes buscan una lectura que combine la adrenalina del *thriller* con la belleza plástica de la ilustración de vanguardia. Una invitación a recorrer la noche de la mano de una de las figuras más magnéticas que ha dado la historieta contemporánea, donde el terciopelo no solo es una textura, sino el velo que separa la realidad de la leyenda.