Bengala

Bengala: El destello de humanidad en el asfalto neoyorquino

En el vasto panteón de la historieta argentina, existen obras que trascienden el mero entretenimiento para convertirse en piezas de orfebrería narrativa y visual. *Bengala* es, sin lugar a dudas, una de esas joyas. Fruto de la colaboración entre dos titanes del noveno arte, el guionista Ray Collins (seudónimo de Eugenio Zappietro) y el dibujante Ernesto García Seijas, esta obra se erige como uno de los pilares del género policial psicológico, ofreciendo una mirada cruda, pero profundamente poética, sobre la justicia y la soledad urbana.

La historia nos sitúa en el corazón de una Nueva York vibrante y decadente a la vez, una ciudad que funciona no solo como escenario, sino como un personaje vivo que respira a través de sus callejones sombríos y sus luces de neón. El protagonista es John Bengala, un detective del Departamento de Policía de Nueva York que se aleja de los estereotipos del héroe de acción invulnerable. Bengala es un hombre marcado por la experiencia, cuya principal arma no es su pistola reglamentaria, sino su capacidad de observación y una empatía casi dolorosa hacia las víctimas y, en ocasiones, hacia los propios victimarios.

El título de la obra no es casual. Una bengala es un objeto diseñado para iluminar la oscuridad de forma intensa pero efímera, un grito de auxilio que rasga la noche. Así es el trabajo de John: en un mundo sumergido en las sombras del crimen, la corrupción y la indiferencia, sus intervenciones actúan como ese destello necesario que, aunque no puede borrar la oscuridad de forma permanente, permite ver la verdad por un instante crucial.

Desde el punto de vista narrativo, Ray Collins despliega una maestría absoluta en el uso de la primera persona. Los monólogos interiores de Bengala son piezas literarias en sí mismas, cargadas de una melancolía existencialista que recuerda a los mejores exponentes de la novela negra clásica, como Raymond Chandler o Dashiell Hammett. Sin embargo, Collins le otorga un matiz humanista único; Bengala no es un cínico de vuelta de todo, sino un hombre que busca desesperadamente encontrar un sentido ético en medio del caos cotidiano.

En el apartado visual, Ernesto García Seijas realiza uno de los trabajos más brillantes de su carrera. Su estilo, caracterizado por un realismo exquisito y una atención minuciosa al detalle, dota a la obra de una atmósfera cinematográfica inigualable. Seijas posee una habilidad especial para retratar la expresividad humana; los rostros en *Bengala* hablan más que las palabras. El cansancio en los ojos del protagonista, el miedo en los testigos o la frialdad de los criminales están plasmados con una precisión anatómica y emocional que sumerge al lector en la viñeta. Además, su manejo de las luces y las sombras —el claroscuro— refuerza esa dualidad constante entre la esperanza y la desesperación que articula toda la serie.

Lo que diferencia a *Bengala* de otros cómics policiales de su época (originalmente publicada en las legendarias revistas de la Editorial Columba, como *Nippur Magnum* o *Intervalo*) es su enfoque en el "porqué" más que en el "quién". Cada caso que llega a las manos de John Bengala es una excusa para explorar las bajezas y grandezas del alma humana. Los crímenes no son meros rompecabezas lógicos, sino tragedias sociales y personales que el detective intenta desentrañar con una mezcla de rigor profesional y compasión.

A lo largo de sus episodios, el lector acompaña a Bengala en patrullas nocturnas, interrogatorios en salas lúgubres y momentos de soledad en su apartamento, donde el peso de la ciudad parece aplastarlo. No obstante, siempre hay un resquicio para la redención. La serie logra mantener un equilibrio perfecto entre el realismo más descarnado y una sensibilidad lírica que eleva el relato por encima de la media del género.

En conclusión, *Bengala* es una lectura imprescindible para cualquier amante del cómic con mayúsculas. Es una obra que invita a la reflexión, que deleita los sentidos con un dibujo magistral y que conmueve con guiones inteligentes y humanos. Es, en definitiva, el testimonio de una época dorada de la historieta, donde la aventura se encontraba en el interior del hombre tanto como en las calles peligrosas de la gran metrópolis. Leer *Bengala* es aceptar el desafío de mirar directamente a la oscuridad, confiando en que, al final del camino, siempre habrá un destello que nos guíe.

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