El Patriota

En el vasto y a veces saturado panorama del noveno arte, surgen obras que no solo buscan entretener, sino diseccionar la identidad de una nación a través de la lente del género de superhéroes. "El Patriota", la aclamada obra creada por los hermanos Gabriel y Juan Bobillo, se erige como una de las piezas más lúcidas, crudas y fascinantes de la historieta argentina contemporánea. No estamos ante una imitación de los mitos estadounidenses, sino ante una deconstrucción crepuscular que utiliza la figura del justiciero enmascarado para hablar de la memoria, el olvido y la decadencia social.

La historia nos sitúa en una Argentina que se siente dolorosamente real, una urbe gris y asfixiante donde los ecos de un pasado glorioso —o al menos más ordenado— parecen haberse perdido entre la corrupción y la desidia. El protagonista es un hombre que alguna vez encarnó los ideales más altos de su tierra: El Patriota. Sin embargo, lejos de los focos y las portadas de los diarios, lo encontramos en el ocaso de su vida. Es un héroe retirado, un anciano que arrastra el peso de sus años y de sus heridas, viviendo en un anonimato que bordea la marginalidad.

La sinopsis arranca cuando este hombre, cuya identidad civil está tan erosionada como su viejo uniforme, se ve forzado a salir de su letargo. No lo mueve un deseo de gloria ni una amenaza intergaláctica, sino la inercia de una deuda moral y la aparición de sombras que creía haber enterrado décadas atrás. El regreso del Patriota no es un evento festivo; es un acto de resistencia desesperado en un mundo que ya no cree en héroes y que, posiblemente, nunca los necesitó de la manera en que ellos creían.

A medida que la trama avanza, el lector es testigo de una narrativa de corte *noir* donde la línea entre el bien y el mal se ha desdibujado por completo. El Patriota debe navegar por una red de conspiraciones que involucran a las altas esferas del poder y a los fantasmas de una historia nacional marcada por la violencia. La obra evita los tropos clásicos del género para centrarse en la psicología de un hombre que simboliza una patria herida: alguien que todavía intenta mantener la espalda erguida mientras todo a su alrededor se desmorona.

El apartado visual es, sin lugar a dudas, uno de los pilares fundamentales de esta obra. Juan Bobillo, con su trazo magistral, logra capturar la atmósfera opresiva de la ciudad y la humanidad vulnerable del protagonista. Su estilo, que combina un realismo sucio con una expresividad cinematográfica, dota a cada viñeta de una carga emocional abrumadora. El diseño del Patriota, lejos de ser imponente, refleja su cansancio; su traje es una reliquia de otra época, un recordatorio táctil de que el tiempo es el único enemigo al que nadie puede derrotar.

"El Patriota" no es solo un cómic de acción; es una reflexión melancólica sobre qué significa ser un símbolo en un país que ha perdido el rumbo. Gabriel Bobillo construye un guion inteligente que dosifica el misterio y la crítica social con una precisión quirúrgica. La obra dialoga con clásicos como *Watchmen* o *The Dark Knight Returns*, pero lo hace desde una idiosincrasia puramente rioplatense, sustituyendo la épica por la nostalgia y el cinismo por una extraña forma de esperanza.

Para el lector que busque una historia profunda, alejada de los fuegos artificiales de las grandes editoriales comerciales, "El Patriota" ofrece una experiencia inmersiva y perturbadora. Es un viaje al corazón de la derrota y un recordatorio de que, a veces, el acto más heroico no es salvar al mundo, sino intentar salvar la propia dignidad en medio del caos. Es, en definitiva, una obra imprescindible que demuestra que el cómic es el vehículo perfecto para explorar las cicatrices de una sociedad y el alma de aquellos que, a pesar de todo, se niegan a rendirse.

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